LA ÚLTIMA BARCA
Quedo para comer con unos antiguos compañeros de trabajo. Tras los postres, tomamos copas en varios bares, durante toda la tarde-noche. Al final, a las tantas de la madrugada, sólo quedamos un becario y yo borrachos en un tugurio de mala muerte. Como ya no nos queda dinero, ayudamos al dueño del bar a pintar unas barcas que guarda en la trastienda. Usamos colores que brillan en la oscuridad. Yo pinto de fuera hacia dentro y, por miedo a mancharme de azul fosforescente, me quedo atrapado en la última barca.
