LA COSTA PLÁSTICA

July 24, 2009

“As merendas con Shin Chan, as magdalenas con Son Gohan”.
Emilio José

Viaje de prensa a Las Vegas. Cogemos un helicóptero en Torrejón y llegamos rápido, demasiado rápido, en un abrir y cerrar de ojos, a nuestro destino. El helicóptero aterriza en pleno desierto y, desde ahí, cuatro periodistas ataviados con blancas chilabas caminamos bajo un sol de justicia hasta un inmenso barrizal donde crecen cientos de juncos sintéticos. Los atravesamos y seguimos andando por el desierto… hasta que nos topamos con una enorme cortina de terciopelo negro que cae desde el cielo y tapa todo el horizonte como un fúnebre campo de fuerza. “Parece un trozo de noche”, dice uno de mis compañeros. “Sí, pero es extraño, porque no da sombra”, contesta otro. Entre los cuatro, buscamos una abertura que nos permita atravesar, pero no la encontramos, y perdemos la paciencia porque el cortinón mide kilómetros y no vemos ni el principio ni el final. De pronto, se nos ocurre colarnos por debajo… y pasamos al otro lado… donde hay más desierto. Seguimos andando, sin rastro de sombra, mientras el sol cae a plomo sobre nuestras cabezas.
Cuando llevamos ya un buen rato de caminata, vemos un espejismo: una inmensa ciudad llena de rascacielos multicolores que, según nos vamos acercando, resulta no ser más que una larga playa artificial, donde nos dispersamos cada uno por su lado sin decir adiós ni mirar atrás. Yo me quito los zapatos y me pongo a vagabundear por la arena falsa, notando cómo los granos demasiado gruesos me erosionan las plantas de los pies y me hacen pequeñas llagas. Pero no me importa… lo único que quiero es llegar de una vez al mar del desierto para sumergirme en sus aguas y volver a vivir. De hecho, ese es mi único objetivo, para eso he hecho este largo viaje… Todo lo demás no importa ya.
Llevo ya andando bastante tiempo hacia el mar, pero por más que avanzo no consigo alcanzar la orilla, aunque la brisa y el olor a salitre me dicen que anda cerca. Estoy a punto de tirar la toalla varias veces, pero la sed de mar me obliga a seguir avanzando, mientras escucho a Emilio José en el MP3. Es entonces cuando diviso en lontananza una especie de figura hiperdelgada vestida de tuareg, que se aproxima a mí por la arena; de su mano lleva cogido un niño (¿o es un enano?) vestido igual que él o que ella. Me paro hasta que llegan a mí… y me quedo de piedra al ver que, bajo las túnicas de tela real se ocultan dos personajes de dibujos animados: el alto es Son Gohan y el pequeño parece Shin Chan, pero ambos más delgados o, mejor dicho, alargados. Al principio, creo que son un espejismo, hasta que Son Gohan me da la mano y la siento viva y caliente. Es real. Me dice:
-Hola.
Yo contesto el saludo y guardo silencio. Y él:
-¿Qué haces por aquí?
-Pues no sé, me he perdido, buscaba el mar.
-Ahí está, más cerca de lo que parece, no tienes más que caminar hacia él…
-En eso estoy, pero estoy cansado. Oye… tu voz me suena un disparate…
Son se tapa la cara y el niño se esconde detrás, contesta con una voz más grave:
-¿S-sí? Será de la tele, soy Son Gohan.
-No, no, la voz… tu voz, ¿a ver? habla…
-Hola.
-Esa voz, espera… esa voz… ¡¡¡es la voz de Michael Jackson!!!
Silencio. Mirada hacia abajo. Sonrisa.
-Vale, me has pillado, soy o, mejor dicho, era Michael Jackson.
-¡Recornucopia! Pero… ¿no estabas muerto?
-Mmmm en realidad sí, mi cuerpo sí, pero mi espíritu, mi memoria, mi mente, mi voz… todo lo he trasladado a este dibujo animado. Ya estaba harto de mi cuerpo y de mí mismo. Lo cierto es que tras la operación cada vez pienso más como Gohan. De hecho, ahora quiero que me llamen Son Gohan. Michael Jackson ha muerto.
-Increíble. ¿Y el niño quién es? Porque parace demasiado tímido como para ser Shin Chan…
-Jajaja, claro, el verdadero Shin es un demonio. Este es mi hijo Blanket, me lo llevo conmigo.
-¿A dónde?
-A la Isla Pingüino, donde sólo pueden vivir dibujos animados. Poco a poco Blanquet se irá transformando en Shin Chan también por dentro; su hermano gemelo ocupará su lugar en el mundo real.
-¿Y dónde está la Isla Pingüino?
-No te lo puedo decir.
-¿Podría ir con vosotros?
-No, porque no eres un dibujo animado, además no hay vuelta atrás: quien entra no puede salir. ¿Estás preparado para ser siempre un dibujo animado?
-Cre-creo que no… Oye, a todo esto, ¿cómo se convierte uno en dibujo animado?
-Mediante una operación muy larga, muy complicada y muy cara.
-Entiendo… Oye, yo soy periodista, esto es una bomba, podría…
-Puedes publicar lo que quieras jajaja, nadie te creerá. Además, ¿quién te asegura que no soy un espejismo?
-E-es cierto… pero pareceis tan reales… Oye, otra cosa, ¿qué se siente al ser un dibujo animado?
-Es genial, indescriptible, soy un ser nuevo, me he liberado de la carga del cuerpo, mi cuerpo estaba ya… gastado, seco, vacío, roto, esto es otra cosa, es mágico, es tan divertido… Bueno, ahora debemos irnos…
-Comprendo… De todas formas, da igual, estoy cansado y sólo quiero llegar al mar. ¿No tenéis tiempo para un baño?
-No, no hay tiempo, debemos irnos ya.
Entonces, Michael y Blanquet o Shin Chan y Son Gohan, se van volando como cartoons que son, a una velocidad superheróica, cogidos de la mano, con sus túnicas flotando en el cielo sin nubes. Yo, por mi parte, sigo andando durante un buen rato… hasta que llego al mar, que está liso como un plato. Me acerco y salto sobre el agua… pero al sumergirme descubro que está seco, no sé como explicarlo, pero el agua es como de plástico transparente, con vetas de celofán arrugado que forma pequeñas olas. Sobre una de ellas cabalga un tipo musculoso que se cae al mar desnudo y se abre la cabeza.
-O-oiga, ¿se ha hecho daño?, pregunto.
Él, me mira con la cara cubierta de sangre y escupe tres palabras:
-Surf or die.
Sin decir más, vuelve a deslizarse entre las aguas sintéticas, surfeando sin tabla sobre las olas de celofán.
olas de celofan
Sigo un rato flotando, nadando y chapoteando en el mar de plástico, pero, pasado un rato, recuerdo que tenía una cita y vuelvo a la arena, atravieso otra cortina y me encuentro en el hall de un hotel de Las Vegas, inmenso, vacío y enmoquetado, donde he quedado con un compañero de trabajo. Me lo encuentro mucho más viejo a como lo recordaba, con barba blanca y profundas ojeras, rodeado de telarañas. Le pregunto:
-Tío, ¿qué te ha pasado? ¿No tenías 30 años?
-Tenía. Pero has tardado tanto… cof, cof… llevo cuatro décadas esperándote y ayer cumplí 70. Llegas a tiempo, te invito a una copa por mi cumpleaños. No todos los días se cumplen 70 años, y menos en Las Vegas.
-Vale, vamos al bar del hotel, ¿no?
-Claro, aquí sirven los mejores Manhattans de América…
Mi viejo amigo se agarra a mi brazo y, renqueando, entra conmigo en el bar, decorado con guirnaldas y máquinas tragaperras de cartón piedra. A lo largo de la barra, sólo hay sentados ancianos de la edad de mi amigo, muchos de ellos disfrazados de Elvis o de Michael Jackson: parece un asilo de impersonators. Mi amigo y yo, antes en bañador, ahora vestimos camisas hawaianas y bermudas a juego. El octogenario camarero, de uniforme de lentejuelas con pajarita, nos pregunta qué queremos beber.
Contesto: “Un café con leche en taza pequeña, muy cargado, con menos leche que uno normal pero más que un cortado. Y templado. Pero café de verdad, espresso, no aguachirri yanqui, debo permanecer despierto pase lo que pase”.
Es entonces cuando subo la cabeza y me veo reflejado en el espejo del techo, arrugado como una pasa: soy anciano, muy anciano, alrededor de unos 90 años. Puedo notar el dolor de huesos y la dentadura postiza que se mueve en mi boca. Me escuece y me la quito y la arrojo en el Manhattan que se está bebiendo el anciano impersonator de Michael Jackson que se sienta a mi izquierda. El camarero me sirve el café y yo le digo:
-Perdone, ¿me podría poner una pajita, para sorber? Es que no tengo dientes…
Él:
-Por supuesto. ¿Su amigo desea alguna cosa?
-Pueees…
Miro a mi derecha y sólo veo un esqueleto. Así que contesto:
-No, creo que de momento no querrá nada. Es su cumpleaños y está un poco deprimido…
El anciano impersonator de Michael que hay a mi izquierda bebe un trago de su Manhattan con dentadura, me mira y me pregunta:
-Hey, ¿cuál es tu disco favorito del Rey?
-Mmmm, no sé, creo que “Dangerous”.
-¿Y tu canción favorita?
-Difícil también, pero ahora mismo te diría que “Morphine”.
El viejo masculla un “¡aaaaaaw!”, se levanta y, haciendo un patético y tosco “moonwalk”, se acerca a la gramola, echa una moneda y empieza a sonar “Morphine”, a todo volumen. Viejo y cansado, me bebo el café de un sorbo pero, aún así, doy cabezadas sobre la barra y, poco a poco, me voy apagando, desvaneciendo, mientras la melancólica voz de Michael Jackson canta: “relax / this won’t hurt you / before I put it in / close your eyes and count to ten”. Entonces cierro los ojos, cuento hasta diez y me muero, o sea, me despierto.

MALASOMBRA

June 30, 2009

Te resistes, pero al final vuelves a echarte a la calle. La noche sopla y sus vientos te arrastran hacia la zona negativa. Bajo la luz de la luna llena, tu sombra se separa de tu cuerpo y se va de picos pardos tarareando una canción inédita de Carlos Berlanga: “Llévame a La Trapa o dispárame en el parietal, hay que ver que divertida está la vida en la ciudad”.
crapulismo
Te juntas con calaveras que regalan veneno en frasco de cristal. El tiempo se acelera y las horas pasan muy rápido y de repente es tarde y corres a casa porque sientes la culpa y también el pánico a que la incipiente claridad te sorprenda en el exterior y vuelva a convertirte en calabaza. Pronto estás a salvo en interior-noche, mas tu sombra sigue de marcha.
guadianio
Te acuestas poco antes de salir el sol y, sobre la cama, un insecto aplastado contra el gotelé te recuerda que eres polvo blanco. Las campanas de la esquina doblan por tí y por tu lento descenso sin sombra a los infiernos de Morfeo.
cometechos
Te acercas en sueños a una chica muy pálida que, loca de atar, canta a gritos frases inconexas y amelódicas de canciones de Julio Iglesias: “¡¡Cosas estoy sintiendo bring back the days when we were crazy in love cómo han pasado los años así nacemos despertar de tu carne!!”. Luego abre mucho la boca, te muerde la nariz y te la arranca de cuajo.
enferma
Te miras al espejo al despertar sudando y compruebas que conservas tu pituitaria. Miras atrás y ves que, gracias a Dios, también has recuperado tu sombra. Vuelves a ser tú y, a pesar de la resaca, te sientes tan fuerte y libre como para volver a la cama por unas horas más.
despertar
(Imágenes: Carl Theodor Dreyer).

INMERSIÓN

June 9, 2009

Hace mucho calor en el hotel del desierto y, para refrescarme, lleno la bañera con agua fría. Meto la cabeza, abro los ojos y veo el fondo del mar, lleno de peces multicolores y plantas marinas; pero cuando la saco, la bañera vuelve a estar vacía, con su fondo de mármol blanco y gris.
peces
Ilustración: The Goldfish (Paul Klee, 1925).

EL PLATO NÚMERO 13

June 3, 2009

“Las películas no estaban en bucle constante como casi todo el mundo pensaba. Los proyectores llevaban un dispositivo electrónico que sabía cuándo parar, cuándo rebobinar y cuándo volver a avanzar”.
Steve Rudnick, instalador de cabinas de sex shop.

¿Saben aquél que diu que era un señor, de unos 40 años, vestido con gabardina, vagabundeando por un suburbio de Sao Paulo, cuando empieza a llover y decide resguardarse en un sex shop de mala muerte? El interior le sorprende por su austeridad: no hay revistas porno ni rabos de goma ni todo lo que se supone que debería haber en una tienda guarra; es más, parece un garaje abandonado, vacío, con paredes desconchadas y en él sólo hay un elemento que podríamos llamar “sexológico”: una cabina pajera arrinconada en una esquina. El cacharro es viejo y destartalado… parecido a aquellas videocabinas que Automated Vending fabricaba en Taiwan a mediados de los 70. Pero hay algo en él morbosamente atractivo, algo que dice “ven”. Imposible resistirse. Por eso, pese a que apesta a semen rancio y a ambientador barato, el señor entra, se encierra y mete una moneda en la ranura. Aprieta un botón y con un “clic” se activa un proyector de Súper 8. La película es borrosa, antigua, granulienta, y en ella sale una señorita masturbándose sobre una manta en un lugar muy parecido a este… sex shop, garaje o lo que sea. Aunque está algo desnutrida, sucia, venérea y ojerosa, la chica tiene un algo que engancha la mirada. Y a pesar del grano de la película, a pesar de lo bizarro de la situación (o precisamente por ello) el señor sufre una erección y se empieza a magrear la entrepierna. En el momento en que se saca la polla, bajo la pantalla se abre una pequeña compuerta y aparece una vagina de látex sostenida por un recio muelle oxidado. Tras recuperarse de la sorpresa, el señor palpa el falso coño y comprueba que está húmedo, gelatinoso, mullido: al tacto, parece de verdad… incluso diría que ¿late? (”no, imposible, serán imaginaciones…”) Se lleva los dedos a la boca. (”Sabe a uva”). Intenta evitar la tentación de penetrar “eso”, pero no puede, el olor dulzón y el ¿falso? flujo vaginal actúan en su cerebro como un potente afrodisíaco. Aunque la vulva ya está bastante viscosa, le añade algo de saliva para facilitar la penetración. Y, un poco a su pesar, mete su pene tieso en el vibrante engendro biomecánico. Es entonces cuando dos hileras de dientes retráctiles brotan de los labios vaginales, que se abren como una planta carnívora, engullen pene y testículos y los arrancan de cuajo. Acto seguido, la pantalla se apaga y la vagina se cierra, volviendo al la trampilla de la que salió. El señor cae al suelo inconsciente por el dolor y por el shock.

Más abajo, bajo tierra, en la cocina de un mugriento y diminuto dinner ubicado en un pasaje del metro (maliluminado con tubos fluorescentes que parpadean), otro señor, gordo y grasiento, vestido de camarero años 50 y con el rostro malafeitado y picado por la viruela, ve cómo, por un tubo metálico oxidado, caen dos testículos y un pene, todos cubiertos de sangre. (”Por fin, cada vez tardan más”). Agarra los genitales con sus dedos de morcilla y los arroja sobre la plancha caliente. Los fríe bien fritos (”que crujan al masticar”), los echa en un plato mal-lavado y los sirve en la barra al cliente, que ya hace un buen rato que espera.

–Aquí tiene, un plato combinado número 13. ¿Quiere ketchup?
gastronomia genital

LA ÚLTIMA BARCA

May 25, 2009

Quedo para comer con unos antiguos compañeros de trabajo. Tras los postres, tomamos copas en varios bares, durante toda la tarde-noche. Al final, a las tantas de la madrugada, sólo quedamos un becario y yo borrachos en un tugurio de mala muerte. Como ya no nos queda dinero, ayudamos al dueño del bar a pintar unas barcas que guarda en la trastienda. Usamos colores que brillan en la oscuridad. Yo pinto de fuera hacia dentro y, por miedo a mancharme de azul fosforescente, me quedo atrapado en la última barca.

PACIENTE

April 15, 2009

“7.000 personas mueren al año por cagadas de las farmacéuticas. Los médicos les ganamos”.
House

Estoy ingresado en una especie de hospital. Mi habitación, de paredes blancas y pulcritud extrema, tiene sólo un ventanuco con cuatro barrotes que da a un patio de luces lleno de escaleras de incendios retorcidas y oxidadas. Soy el único paciente y yazco en una camilla desnudo e inmovilizado por correas de cuero. De vez en cuando, aparecen dos celadores para inyectarme algo que me hace verlo todo gris, borroso y desdibujado. No sé si son los efectos del antibiótico o sucede de verdad pero, a veces, cuando se hace de noche y todo está oscuro, siento como un millón de insectos se pasean por mi piel.

imagicarcel
Carceri d’invenzione VII (Giovanni Battista Piranesi, 1750).

HA NACIDO UNA ESTRELLA

March 25, 2009

Sueño que el Sol se cae del cielo y arde la Tierra y la raza humana se extingue en un mar de llamas. Y el cielo está ya oscuro para siempre porque el Sol ahora está aquí, devorando la Tierra. Y pienso que, cuando ya no haya aquí más que fuego, este planeta será una nueva estrella que iluminará mundos extraterrestres donde, tal vez, surjan nuevas formas de vida. Y, mientras me hundo en el pantano infernal de tierra incandescente, el único versículo del Apocalipsis que aún retengo en las tripas sube por mi tráquea y quema mi lengua. Lo escupo:

“El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra; y se le dio la llave del pozo del abismo”.
es el dia del jui-ciofinal
Boils and Darkness (Basil Wolverton, 1955).

EL PUENTE SUMERGIDO

March 12, 2009

“El buen caminante no deja huellas”.
Tao Te King

Voy andando de Ferrol a Pontedeume y, al llegar a Cabanas, veo que el puente que debo cruzar para entrar al pueblo está cubierto por el mar. Sin dudarlo, sigo mi camino y vestido me meto en el agua, que me cubre justo hasta el cuello, y disfruto del mar tibio, luchando un poco contra las suaves corrientes heladas que intentan sacarme del puente. A medio camino, pienso con fastidio que más tarde pasaré frío fuera, por la ropa mojada. Pero, al llegar al otro lado y salir del agua, me sorprende comprobar que estoy completamente seco. Miro hacia atrás y veo que el mar también se ha secado, dejando el puente al descubierto otra vez. Sobre la arena negruzca, barcas tumbadas, algas podridas, peces muertos, gaviotas chillonas y toda clase de desperdicios.
subpontedeume
Fotografía: José M. Suárez.

QUÉ VIEJO ES SER JOVEN

March 5, 2009

“El nihilismo de la juventud se ha disuelto en el hedonismo de la burguesía permisiva”.
Aquilino Duque

cielo e infierno
Esto es increíble, tío. Una gran explanada de cemento gris llena de gente joven y enrrollada como tú y, al fondo, un inmenso escenario con luces multicolores y mucho humo. En él, tu grupo favorito, inmóvil y mirándose las zapatillas, escupe espirales de melodías eléctricas y los efectos de la pastilla, que es la hostia, te dan la sensación de que flotas y te fundes con la música, que entra por tus orejas para expandirse por todo tu cuerpo hasta hacer latir muy fuerte tu corazón. Bumbumbumbum. Increíble el colocón, increíble la música, increíble el concierto. Miras a tu novia, tan ciega y guapa y adolescente como tú, y hacéis el amor en el cielo, entre las nubes de algodón y los rayos de sol atraviesan vuestros cuerpos calientes. Unos fuegos artificiales acompañan vuestros multiorgasmos y…

…de pronto las imágenes se van pixelando, se retuercen en una espiral y dan vueltas como el agua que se escurre por el desagüe de un lavabo al que le acabas de quitar el tapón. Y, al final, la oscuridad.

-¡Que alguien me quite esta mierda!, grito.

Al cabo de un rato, dos enfermeras de unos 20 años me retiran el casco de realidad virtual. Una de ellas dice:

-¿Otra vez? Desde luego, no acertamos con usted. ¿Por qué no se relaja y disfruta de la fantasía como los demás?

A nuestro alrededor, decenas de ancianos sonrientes y babeantes yacen en sillones tan cómodos como el mío, embutidos también en trajes de neopreno conectados a cables y con las cabezas medio cubiertas por cascos de realidad virtual. Todos lucen babeantes sonrisas.

-Vamos a ver, ¿por qué no le gusta la fantasía si está directamente inspirada en sus deseos? Le estamos dando la oportunidad de volver a ser joven, a los, a los (mira la ficha) a los 97 años.

-Porque es una puta mierda, porque todo es demasiado ñoño y perfecto, parece un videoclip de karaoke indie. Y porque, no sé ahora, pero en mis tiempos las drogas estaban tan cortadas con anfeta que te rayaban y entrabas en un loop de paranoia y creías que la música era ruido asqueroso, que todo el mundo te odiaba y que tu novia te iba a poner los cuernos o a comerte vivo o algo peor. Pero, por encima de todo, no quiero ser joven. Soy un puto viejo y quiero ser viejo y enfermar y sufrir y morir solo, en medio del bosque, no en esta mierda de asilo. ¡Déjenme marchar!

-Vamos, hombre, qué ocurrencia, ¿cómo se va a ir al bosque, con el frío que hace ahí? Sus hijos trabajan como negros para pagarle su estancia aquí, en la mejor residencia para la tercera edad de España, y nuestro trabajo es cuidarle y hacerle feliz, pero tiene que relajarse y disfrutar, como los demás. Le voy a administrar un calmante y ya verá qué bien está…

-Nooo, calmante noooo, no me pinche hostiaaas, no me… no… m…. zzzzzzzzzzz

-Buf, ya está dormido. Joder, qué guerra da el viejo este, ni chutándole éxtasis líquido se tranquiliza. Ayúdame a colocarle el casco y vámonos a la máquina de café que estoy muer…

Esto es increíble, tío. Una gran explanada de cemento gris llena de gente joven y enrrollada como tú y, al fondo, un inmenso escenario con luces multicolores y mucho humo. En él, tu grupo favorito, inmóvil y mirándose las zapatillas, escupe espirales de melodías eléctricas y los efectos de la pastilla, que es la hostia, te dan la sensación de que flotas y te fundes con la música, que entra por tus orejas para expandirse por todo tu cuerpo hasta hacer latir muy fuerte tu corazón. Bumbumbumbum. Increíble el colocón, increíble la música, increíble el concierto. Miras a tu novia, tan ciega y guapa y adolescente como tú, y hacéis el amor en el cielo, entre las nubes de algodón y los rayos de sol atraviesan vuestros cuerpos calientes. Unos fuegos artificiales acompañan vuestros multiorgasmos y…

…apretando los dientes, te obligas a envejecer, a diez años por segundo, hasta que cumples los 97. Desciendes hasta la hierba junto a tu novia, que, pese a tu aspecto de anciano, te sigue mirando con una bobalicona sonrisa de enamorada. En tus manos, obedeciendo a tus deseos, se materializa un lanzallamas Flammenwerfer 35. Lo enciendes y disparas, llevándote por delante a tu novia y a otros cuatro idiotas. Luego, avanzas entre la multitud, disparando y quemando todo lo que se mueve… y lo que no se mueve. Los jóvenes, lejos de oponer resistencia, te miran sonriendo de oreja a oreja, esperando el fuego de tu arma y luego arden como teas sin perder su alegría artificial. Mientras mueren, algunos pronuncian una odiosa palabra que estuvo de moda hace décadas por culpa de un viejo programa de televisión cuyo nombre no recuerdas: “Viejuno”. Al oirlo, aprietas con más fuerza el gatillo del lanzallamas.
A los diez minutos, el festival indie es un infierno lleno de antorchas humanas y jóvenes carbonizados. El escenario es pasto de las llamas y el cesped ha quedado reducido a ceniza. Pero aún quedan muchos enemigos, y luego hay que escapar en el helicóptero para retirarse a la cabaña del monte y allí fabricar las bombas para acabar con las fantasías de todo el asilo y…

Al cabo de una hora, las enfermeras vuelven a revisar el salón de Realidad Virtual.

-Mira, el viejo cascarrabias ya está tranquilo y sonriente, como los demás.

-Sí, por fin, desde que llegó no ha parado quieto. No sé cómo no se da cuenta de que todo esto es por su bien, tía, ¿no? Hay otros que no tienen pasta y están ahí muertos de asco solos en su casa y…

-Pero, ¿¿¿¿qué es eso???? Joder… ¡rápido, vete a por el extintor mientras apago la máquina!

-¿Y eso? ¿Qué pasa?

-¿Es que no lo ves? ¡Mira el ordenador de control!

-¡Dios mío, está ardiendo!
arde pc arde

SHANGAI EYACULA

February 3, 2009

“Con los edificios puedes tocar a la gente”.
Frank Gehry

Viaje de prensa a Shangai. Me han invitado a probar un nuevo hotel que acaban de inaugurar en los últimos pisos de la torre Jin Mao, un rascacielos de 88 plantas y más de 400 metros de altura. El ascensor es tan rápido que me deja los oídos taponados y cierto dolor de cabeza, pero vale la pena: ahora estoy en un espacio deslumbrante, de superlujo, con una decoración que es una obra de arte en sí misma. Las paredes, de tonos ocres y formas orgánicas, me producen la sensación de estar en el interior de un útero.
La cena se celebra en la azotea, desde donde se dominan unas espectaculares vistas de esta, la verdadera ciudad de los rascacielos, a cuyo lado Nueva York parece un islote grotesco y varado en los pantanos del tiempo.
Preciosas criaturas orientales nos sirven exóticos manjares, unas delicias chinas que jamás había probado y cuyos ingredientes principales tienen forma de espermatozoide gigante: una cabeza blanduzca (tamaño manzana) pegada a una cola dura, como de rata, que no se come. Pincho la cabeza con el palillo y sale un líquido que inunda el plato y sorbo con una cuchara de palo, haciendo mucho ruido, como los demás comensales. Y lo cierto es que está exquisito: sabe como a sopa de marisco pero con un punto agridulce. Luego, las camareras nos sirven la guarnición, una especie de globos oculares que flotan en el líquido blanquecino como pelotas de ping pong, ofreciendo un impactante efecto estético.
En su explicación del menú, traducida por una intérprete española, el chef aclara que lo que nos estamos comiendo no son ojos, sino unos rarísimos peces que sólo se encuentran en ciertas bolsas de agua caliente en medio del océano Pacífico. Pescarlos es extremadamente difícil, caro y peligroso. El postre es más ligero (una mousse elaborada con pieles de los frutos de un árbol que crece al revés, esto es, hacia el interior de la tierra) pero yo acabo bastante harto y un poco indigesto.
Tras la cena, me despido de mis anfitriones y una criada me conduce a mi habitación, una auténtica cueva de luxe con paredes que parecen tener vida propia. La única luz encendida es la de una gran pecera. Me acerco a ella y veo que está llena de peces-ojo, que flotan vivarachos en el agua salada y, a veces, se dan pequeños ósculos, apartándose luego con rapidez. Compruebo alucinado que el pez-ojo se compone del cuerpo, que es idéntico a un globo ocular de iris azulado, y la cola, que es un manojito de venas rojizas. Enciendo la luz de la mesilla y me fumo un Fortuna mientras contemplo la hipnótica pecera. Después, me lavo los dientes y apago la luz.
Pasan los minutos pero no consigo conciliar el sueño y, tras intentar masturbarme en vano, me doy cuenta de que me inquieta la presencia de los peces ojo: sé que es paranoia, pero noto sus miradas clavadas en mí como puñales tibios que centellean en la oscuridad. Enciendo la luz y, dando la espalda a la pecera, intento concentrarme en la pared, a ver si así me duermo.
Tras un rato mirándola, diría que la pared se mueve, que ¿late? Me levanto, me acerco, la toco… y la noto caliente, viva, y siento cómo se mueve en tensiones musculares que marcan sus gruesas venas. Asustado, abro la puerta y salgo al largo pasillo en pijama… pero me quedo helado ante el espectáculo: decenas de mujeres desnudas se frotan contra las paredes, gimiendo y acariciándose los coños. Supongo que debería sentirme excitado y aprovechar la situación, pero el miedo me lo impide. La atmósfera es sofocante, las paredes cada vez están más hinchadas y sudorosas, y otros hombres en pijama, como yo, salen de sus habitaciones y contemplan la escena con una mezcla de morbo y horror. Algunos meten mano a las tías, e incluso se las follan, mientras otros salen por patas sin mirar atrás. Y las mujeres, que cada vez son más, siguen chillando de lujuria, corriéndose vivas en sus frotamientos contra las paredes vivientes. Yo, que tengo un pésimo presentimiento, sólo quiero escapar de este infierno lúbrico. Así que corro hacia el ascensor y pulso varias veces el botón de llamada, que se ilumina con una luz rojiza. Me cae una gota en la cabeza, miro hacia arriba y veo que el techo late y suda semen, como el suelo y las paredes. Es entonces cuando se abre la puerta del ascensor y… corro. Corro hacia atrás porque una gran ola de semen espeso sale a cámara lenta del ascensor. Como la escena de El resplandor, pero tiñendo la sangre de blanco.
De poco vale correr: pronto, la leche nos barre a todos. La corriente seminal nos empuja hacia arriba con fuerza y pronto se me caen los brazos y las piernas y sólo tengo cabeza y cola. Cuando el rascacielos escupe su eyaculación por su azotea, sólo pienso en correr más rápido que los demás para llegar al óvulo y fecundarlo. Es mi único deseo y estoy lleno de ansiedad, mientras subimos y luego bajamos a gran velocidad. Y bajamos y bajamos hasta que veo horrorizado cómo los espermatozoides que van antes que yo se estrellan contra un gran espacio gris, transformándose en plastas blancas en medio del mar de leche. Poco antes de morir aplastado contra la acera, en un flash de lucidez, lo entiendo todo: somos el producto estéril de la triste paja que acaba de hacerse la ciudad de Shangai.
rabodeluz