LOS SUEÑOS* de Fernando Márquez

March 30, 2009

Suelo recordar los sueños,
suelo enlazarlos con otros ya soñados:

con malicias de Beardsley
que nacieron con Carroll
como niñas atentas a mundos
que se ocultan del mundo
entre cuatro palabras
(= un cuento);

con instantes extensos
de intensidad difusa,
de intensidad confusamente inconfundible
como son las infancias
como son las estancias
en parajes cerrados
a lenguajes adultos
ateridos de años
que jamás se han vivido
pues jamás se soñaron;

con visiones de hierro
mohoso entre las brumas
de bosques transitados
por locos mendicantes
persiguiendo quimeras
tan ciertas como el Tiempo
(o más, por anteriores);

con extremos del plano en que nos viven,
con finales de la tierra ignorada
por tan sólo existir en la vigilia
cuando apenas se sabe lo que somos,
cuando llega a olvidarse Lo Sagrado;

con mujeres que aguardan
emboscadas en cuadros
de Rossetti, de Holman,
de Burne-Jones, de Millais,
despertando conciencias
embotadas, insomnes,
indemnes al asalto
de fuerzas invisibles
para los que no cierran
los ojos a las cosas;
y con… (también sueño con…)

Suelo recordar los sueños,
suelo enlazarlos con otros ya soñados.

*Radiopoema zurdesco incluido en El eterno femenino (Ediciones El Cobre, 2009).
veo veo
Ilustración: Apology (Mark Ryden, 2006).

MADRE NO HAY MAS QUE UNA

July 5, 2007

1) INTRO: ACERCA DE MIKEL LABOA por Ibon Errazkin

Mikel Laboa ha grabado decenas de canciones sobre estos temas: el paisaje vasco, la añoranza del paisaje vasco y -lo más llamativo para mí- la figura de la madre. De la importancia que tengan para cada uno estos asuntos dependerá el grado de identificación que se llegue a alcanzar con esas canciones. Y a mí, personalmente, todo ese mundo me resulta de lo más cercano.
Luego está la música: las canciones de Mikel Laboa giran en torno a unos cuantos acordes básicos de guitarra, tocados de una manera a veces un poco rudimentaria pero siempre muy expresiva (pienso en la introducción de “Baztan” o en esas cuerdas mal pisadas de “Gure oroitzapenak”, para mí preferibles a todos los virtuosismos del mundo). De su voz y su forma de cantar se podría decir algo parecido.
La música de Mikel Laboa me hace pensar a veces en los discos que grabó Caetano Veloso durante su exilio en Londres. El grupo Ez dok amairu” ya ha sido comparado alguna vez con los tropicalistas -yo no estoy lo bastante informado como para entrar en ese tema-. Pero sí creo que discos como “Transa” y “14″ transmiten una misma sensación de nostalgia aguda, casi desquiciante, y en según qué momentos su escucha puede ser una experiencia dolorosa.
También me han contado que Mikel Laboa, al igual que Caetano Veloso, es un poco médium (¿o un poco ventrílocuo?) en las actuaciones. Si algún día llego a verlo en directo lo comprobaré yo mismo; mientras tanto, me conformaré con seguir escuchando sus discos.”

NOTA: Hace poco encontré, en las profundidades de mi zulo, una hoja de papel manuscrita con letra fina, pequeña, tímida y elegante. Era un texto sobre el cantautor vasco Mikel Laboa que le encargué hace siglos a Ibon Errazkin, para publicar en un fanzine que proyecté junto a Victor Lenore y que jamás llegó a hacerse realidad.
el genio euskaldun

2) TXORIA TXORI
Una gran canción de Mikel Laboa, “Txoria txori”, que puede oirse en este improvisado videoclip realizado por un fan en tributo a su amada:


La letra, traducida al castellano, viene a decir lo siguiente:

“Si le hubiera
cortado las alas
habría sido mío,
no habria escapado.

Pero así habría dejado
de ser pájaro.

Y yo…
yo lo que amaba
era un pájaro”.

Una letra que podría, también, aplicarse a las relaciones maternofiliales.

3) LOS CORDONES UMBILICALES DEL CUERPO Y EL ALMA.
Hay otra canción de Laboa, llamada “Gogo eta gorputzaren zilbor-hesteak”, de la que no he encontrado vídeos en Internet, así que reproduzco su texto en euskara y en castellano:

“Bi kate,
biak ebaki beharrezkoak:
bat gorputzaren bizitzeko,
bestea gogoaren askatzeko.
Adizu, ama
badakizu
sortze berean
zuri gorputzez lotzen ninduen
zilbor-hestea
sendagileak nola eten zuen.
Lehenengo eten beharra izan zen:
bizitzaren
bizitzeko lehen legea.
Haurtzaroan
titia eman zenidan,
mutil-zaroan
eskoletara bidali
bizitzarako armak hartzearren.
Dena eskertzen dizut
duen balore guztian,
nik ahal dutan neurrian
nainan, gaztaroan
amatxo maite!
Ohar zaitezte
benetan maite nauzun ama
izan nahi baduzu
eta nik zu maitatzea,
ni naizena
nik izatea nahi dutana izatera
utzi behar nauzula,
hau baita bide bakarra
biok alkar sanoki maitatzeko,
biok alkar osoki eta betikoz
maitatzeko,
zuk zure nortasunaz,
nik nereaz,
zuk zure nortasunaz,
nik nereaz.
Ama!
Eten dezagun
lehen gorputzarena bezela
orain,
gogoaren zilbor-hestea.
Ama!
Gogoaren zilbor-hestea”.

En román paladino:

“Los cordones umbilicales de la mente y el cuerpo. Dos cadenas. Dos cadenas, ambas han de ser cortadas. Una, la del cuerpo, para poder vivir, la otra, la de la mente, para poder ser libre. Escuchame madre, tú ya lo sabes, tan pronto como nací el médico cortó el cordon umbilical que por el cuerpo me unia a tí. Esa fue nuestra primera ruptura: la primera ley de vida para poder vivir. En la niñez me amamantaste, de muchacho me enviaste a la escuela, para que adquiriera las armas de la vida. Todo ello te lo agradezco, en la medida de mis posibilidades, por todo el valor que tiene en sí, pero, en la juventud, querida madre, debes de percatarte, que si quieres ser la madre que de verdad me quiere, y que yo te quiera, entonces, debes dejarme ser, que ese que soy yo, sea lo que yo quiera ser, ya que este es el único camino para que de manera sincera nos queramos mutuamente, para que ambos nos queramos plena y enteramente por siempre, tú con tu personalidad, yo con la mia. Madre, cortemos pues, como antes hicimos con el del cuerpo, cortemos ahora el cordon umbilical de la mente, madre, el cordon umbilical del alma.
adios mama

4) CHICO ANCLA* un cuento de Tim Burton.
“Había una vez una chica
que venía de la mar.
Y había tan solo un sitio
donde ella quisiera estar.
Con un tal Paquito Serra
que tocaba en un conjunto.
Por él se iría a la tierra
y dejaría el océano.
Porque él sólo y sólo el
le había quitado la calma.
Y por eso ella quería
robarle a Paquito el alma.
premama
Para el parto utilizaron
grúa, cincel y barrena:
el cordón umbilical
era una gruesa cadena.
Era feo y tenebroso,
duro como un cigüeñal.
No tenía la piel rosada
sino vil y gris metal.
El bebé, que suponían
los iba a juntar muy juntos,
en realidad los volvió
adustos y cejijuntos.
Aprovechando una gira,
se largó Paquito Serra.
Y a partir de ese momento
se quedó a vivir en tierra.
hijo tonto
Con su niño (un ancla gris)
ella sola se quedó.
Él se volvió tan pesado
que con el tiempo la hundió.
Mientras se hundía hasta el fondo
sin sus sueños realizar,
eran ella sola y su hijo…
y los peces de la mar”.
como un ancla

*Cuento incluido en el libro “La melancólica muerte de Chico Ostra” (Anagrama), el “homenaje” no reconocido de Tim Burton al gran Edward Gorey.

5) AMOR DE MADRE.

Fragmento del ensayo “Sexo y carácter” de Otto Weininger:

“El amor materno es inmoral porque no representa una relación con un Yo extraño, sino que desde el principio constituye a modo de una excrecencia; como todo lo que es una inmoralidad para los otros, constituye una extralimitación. Únicamente entre individualidad e individualidad puede existir una relación ética. El amor materno excluye la individualidad, y procede sin elección y de modo impertinente. (…) Existe una corriente ininterrumpida entre la madre y todo lo que ha estado unido a ella por un cordón umbilical: ésta es la esencia de la maternidad, y por ello no me puedo unir a la admiración general que el amor materno despierta, sino que, precisamente, debo rechazar lo que con más frecuencia es objeto de loa, su falta de elección, su falta de crítica”.
\"admiracion maternal\" (william bouguereau, siglo XIX)

6) DEL MERCURIO AL AZUFRE.

Entrada del diccionario cirlotiano de símbolos tradicionales:

“MADRE.
Los símbolos de la madre presentan una ambivalencia notable; la madre aparece como imagen de la naturaleza e inversamente; la “madre terrible”, como sentido y figura de la muerte. Por esta causa, según la enseñanza hermética, “regresar a la madre” significaba “morir”. Para los egipcios, el buitre era el símbolo de la madre, probablemente a causa de que devoraba cadáveres, simbolizando también el medio por el cual se escinden las partes de Hammamit (alma universal) para formar las almas individuales. También por la citada causa se ha considerado íntimamente ligado al significado de lo materno el sentimiento de nostalgia del espíritu por la materia o la sumisión del mismo a una ley informulada pero implacable (el destino). Jung menciona el hecho de que en el Traité de la Cabale, de Jean Thenaud, (siglo XVI), se representa precisamente la figura materna bajo una divinidad del destino. El mismo autor indica que la “madre terrible” es la réplica complementaria de la Pietá, es decir, no sólo la muerte, sino el aspecto cruel de la naturaleza, su indiferencia con el dolor humano. También indica Jung que la madre es símbolo del inconsciente colectivo, del lado izquierdo y nocturno de la existencia, la fuente del agua de la vida. La madre es la primera portadora de la imagen del ánima, que el hombre ha de proyectar sobre un ser del sexo contrario, pasando luego a la hermana y de ésta a la mujer amada. El régimen social del predominio de la madre, o matriarcado, se distingue, según Bachofen, por la importancia de los lazos de la sangre, las relaciones telúricas y la aceptación pasiva de los fenómenos naturales. El patriarcado, por el contrario, por el respeto a la ley del hombre, la instauración de lo artificial y la obediencia jerárquica. Aún cuando, sociológicamente, el matriarcado ya no exista en Occidente, psicológicamente el hombre atraviesa una fase en la cual se siente esencialmente dominado por el principio femenino. El vencimiento de esta etapa y la entronización del principio masculino como rector de la vida, con las notas citadas por Bachofen, se simbolizó por el paso de la “obra lunar” a la solar, por el paso del mercurio al azufre”.
“Símbolos de la tierra madre: agua, madre de las aguas, piedra, caverna, casa de la madre, noche, casa de la profundidad, casa de la fuerza o de la sabiduría”, según Evola.
pieta

DE ESPADAS Y KATANAS

June 27, 2007

“La espada ceñida es el alma viviente del samurai”.
Tokugawa Ieyasu
.

Estoy en una fiesta privada para prensa de lujo, en un gigantesco pabellón ubicado en las afueras de un pueblo, en un país desconocido. La fiesta consiste en beber sangre de cerdo en copas de cáliz y luchar con espadas. Yo llevo una que tiene filo de katana pero empuñadura de espada del Rey Fernando el Católico. Me encuentro con un viejo amigo, creo que fuimos juntos al colegio, y decidimos luchar a muerte. Su espada es más moderna pero aparentemente más floja. Peleamos durante un rato sin herirnos, hasta que yo gano porque parto su espada en dos con el filo de mi katana cristiana. Mas le perdono la vida porque no encuentro razones para matarlo. Entonces se apagan las luces y para la música: la fiesta ha terminado. Todos salimos del inmenso pabellón, una muchedumbre de perdidos periodistas de tendencias con sus espadas colgando del cinturón. Pero fuera está oscuro y no hay rastro de taxis. Así que nos ponemos todos a andar en fila india por una lúgubre carreterita de pueblo. No pasa ni un coche. Caminamos en silencio. A los lados, bosques y campos oscuros. Cementerios llenos de tumbas con crucifijos que brillan en las tinieblas. Nadie habla y se masca el miedo. Andamos bastante tiempo hasta que vemos las luces lejanas de un autocar que se aproxima. Hay varias luchas con espada por subir al bus, porque no cabemos todos. Yo tengo la suerte de entrar de los primeros y me acomodo en un asiento, junto a otro antiguo compañero de colegio. “¿Dónde vamos?”, le pregunto. “De excursión”, responde él. “¿Al futuro?”, intuyo. “Qué va, al revés, ¿no te has enterado? Volvemos al pasado que será el presente. Nos llevan a todos al matadero, porque quieren hacer una buena purga para instaurar una nueva Edad Media. Sólo sobrevivirán los que tengan un gran dominio de la espada”, me aclara él. Y entonces me despierto. Me duelen la espalda y el cuello como si realmente hubiera estado luchando con una gran espada.
cirlot y sus espadas
Este sueño es una excusa ideal para profundizar en los múltiples significados simbólicos de la espada. No hay que olvidar que Cirlot, autor del “Diccionario de los símbolos” más importante, pasó la mayor parte de su vida completamente obsesionado con las espadas: empezó a coleccionar ejemplares antiguos en 1951 y no paró hasta su muerte en 1973. La importancia tradicional atribuida a estas arcaicas armas blancas se refleja como en un espejo mágico en la entrada que le dedicó en su deslumbrante diccionario simbólico.
Pero no reproduciremos ésta (ya que apenas habla de katanas); para esta ocasión, creo que es más adecuado leer el estudio que el cirlotesco historiador del arte Luis Caeiro Izquierdo tituló “Aspectos simbólicos del sable japonés y de la espada occidental”:

“De la importancia del sable en la cultura japonesa da buena prueba Inazo Nitobe en Bushido. The Warrior’s Code (1), uno de cuyos capítulos recibe el contundente título de “El Sable, alma del Samurai”; como vemos, esta definición no puede expresar un más alto concepto. Sin embargo, la carga mítica y simbólica de la espada (a la que voy a considerar en este contexto como equivalente simbólico al sable) es universal y aun diría que perpetua llegando en determinados aspectos hasta hoy día (2).
katana
El sable japonés no ha perdido ni enmascarado nunca esa veneración que han tenido las armas blancas en todas las culturas y que hoy, desde hace bastante tiempo, la cultura occidental ha relegado a poco menos que un residuo arqueológico sin por ello eliminar sus restos en el subconsciente colectivo; los sables y las espadas occidentales están hoy prácticamente olvidados en los museos, considerados en gran medida como un arte menor al lado de la pintura o la escultura. Japón siempre ha considerado la fabricación de espadas/sables como una de las artes mayores, con bastantes connotaciones religiosas, como tendremos ocasión de ver; como ejemplo de la importancia que tuvo este arte, tenemos la figura del Emperador Go-Toba (1180-1239) que, además de su labor política, fue un gran protector de los forjadores, siendo él mismo un Kami viviente, uno de ellos. Para él trabajaron los más grandes artistas de su tiempo, favoreció la investigación para mejorar la hoja convirtiéndose así en una figura casi mítica, representada en pinturas y grabados. Hoy Japón, con el espíritu de su cultura siempre reacio a romper con la tradición, sigue dando a sus sables una muy alta consideración, estando algunos de ellos calificados como tesoros nacionales.
vaina y katana
En los tiempos dorados de la clase samurai el sable era una de las más preciadas posesiones de las familias y del individuo: “A los nobles japoneses les gusta sobre todo hacer ostentación de sus armas, y les enorgullece que sean lo más lujosas posibles. Sus sables, en particular, cuyo temple aventaja a los mejores, tienen generalmente enriquecido el puño y la vaina con ricos adornos de metal cincelados con la mayor finura; pero lo que constituye principalmente el valor de estas armas es su antigüedad y celebridad” (3). No puntualiza el autor de este texto que es la hoja lo más venerado; una vez forjada la hoja tiene lugar una ceremonia en un templo shintoista consistente en enrollar en el sable el cordón sagrado que une las columnas del Torii o Puerta de los Dioses (puertas situadas en los caminos de los templos), cordón llamado Shimenawa. El objetivo de esta ceremonia es que penetre en la hoja un alma con sus potencias. A partir de este momento la hoja se convierte para el Samurai en un ser vivo, inteligente y potencialmente activo.
ronin y espada
Desde ese momento el sable es considerado como la prolongación del guerrero e incluso el guerrero se considera ocasionalmente una prolongación del sable (4). Sin embargo, esta prolongación debe entenderse sólo como se entendería entre dos compañeros de armas perfectamente compenetrados y no como si fuesen apéndices el uno del otro. Esta concepción del sable como individuo ha creado una visión antropomórfica en la que la hoja se identifica con el alma, la empuñadura (Tsuka) con la cabeza, la vaina (Saya) con el cuerpo y los demás complementos con el vestuario; es, pues, un ser vivo y autónomo al que se convierte en depositario de lo más valioso para el Samurai: la lealtad y el honor (5).
lobo, cachorro y sable
Como tal depositario, el sable recibe todo tipo de veneración. Ocupa en su soporte (pequeños muebles de madera con elementos metálicos que pueden ser horizontales o verticales, siendo los más extendidos los horizontales para albergar el juego de dos sables llamado Daisho) el lugar de privilegio de la pieza más importante de la casa; este lugar llamado Tokonoma es un espacio variado (poyete, repisa, hornacina, etc.) donde se colocan determinados objetos, pinturas, Ikebana… de manera asimétrica y con un sentido esencialmente provisional expresando el estado de ánimo del momento, así las pinturas cambian según la estación, la climatología o la circunstancia familiar. Suelen ser pocos objetos dispuestos, basándose en una estética claramente Zen; ahí se coloca el Sable presidiendo en cierto sentido la vida familiar. “Más de un templo y más de una familia en el Japón conservan un sable como objeto de adoración. Todo insulto que se le haga equivale a una afrenta personal. Desgraciado de aquél que negligentemente pasa por encima de un arma caída en el suelo“. En el mismo párrafo Nitobe nos da otro dato que nos acerca a usos más conocidos: “Compañeros constantes (el Samurai) los ama y les da nombres amistosos“. La costumbre de individualizar cada pieza dándole un nombre es sumamente usada en la caballería occidental: Arturo y Excalibur, Lanzarote y Ballarin, Roldán y Durandall, Sigfrido y Balmunga son unos cuantos ejemplos. En Japón también existen los nombres engarzándose muchas veces en el mito shintoista; así aparece la espada de Izanagi llamada Totsuka no Tsurugi (Espada de los Diez Brazos Abiertos), la espada de Susanoo llamada Orochi no Aramasa, con ella decapitó al Dragón multicéfalo en cuyo cuerpo encontró otra espada llamada Ame Murakumo Kusa (Preciosa Espada de las Amplias Nubes), que posteriormente se llamó Kusaragi-no Tsurugi (Espada del Mullido Césped) y que fue la espada que regaló a su hermana Amaterasu y ésta, a su vez, a los descendientes en el mito fundacional.

En la simbología general de la espada o el sable podemos encontrar una línea común o una serie de elementos similares entre las diversas culturas como vamos a esbozar a continuación.
izagami e izanami agitan el mar con la lanza celestial
El origen o relación primigenia de la espada con la divinidad es prácticamente universal en las diversas cosmogonías; en el Génesis ya aparece: “Y, desterrado Adán, colocó Dios delante del Paraíso de delicias un querubín con una espada de fuego, que andaba alrededor para guardar el camino que conducía al árbol de la vida” (7). En esta manifestación como espada de fuego, relativamente frecuente, es el símbolo de la justicia y la pureza (8). En el mito fundacional japonés aparecen dos armas fundamentales: en primer lugar, cronológicamente hablando, aparece la lanza llamada Nu-Boko de la que se valen Izanagi e Izanami para crear las islas japonesas, esta primigenia arma mitológica tenía la forma llamada Wabashira o “Columna de Macho“; este término designa la pilastra de una barandilla o parapeto sobre todo en los puentes, al mismo tiempo que tiene unas claras connotaciones fálicas, que son restos de antiguos cultos fálicos relacionados con la fertilidad (9). La lanza como tal es símbolo guerrero y sexual, con un sentido totalmente terrestre y material. La segunda arma que aparece en el mito fundacional shintoista es la espada Ame no Murakumo Kusa que forma parte del regalo fundacional del imperio japonés junto con el espejo de Amaterasu y la joya; es decir, que al primer orden, a la creación de un mundo sin civilizar corresponde la lanza y al segundo orden, un orden ya político, organizado y civilizado se corresponde con la espada que básicamente es un símbolo solar, celeste y espiritual.
excalibur, el alma del rey arturo
En este sentido civilizador de la espada hay que entender la función de Excalibur en el ciclo artúrico, en el que también la espada está relacionada con una figura femenina (Dama de Lago) como en Japón (Amaterasu), y también la tradición de que los míticos fundadores de ciudades lleven siempre espadas en los antiguos relatos chinos. Asociada al sol que lucha contra las tinieblas y las vence, supone también la lucha y la victoria contra la barbarie, la del conocimiento sobre la ignorancia y la superación espiritual en oposición a la rama y a la multiplicidad, signo siempre del mal. En tal sentido hay que interpretar tanto la frase evangélica “No he venido a traer la paz sino la espada” (10) o, como la coránica “La daga es la llave del Cielo y del Infierno” (11).

La propia relación con el sol, ente que en sí mismo supone un carácter juvenil, potente, fuerte y generador, se asocia inevitablemente con los principios masculinos y, siguiendo esta línea, se llega a la relación con el sexo (12). La cultura japonesa asocia directamente el sable al sexo: “Ha acabado el pueblo por ver en el espejo y el sable dos símbolos de la eternidad y de la vida incesantemente renovada. La forma de los dos objetos, uno oval y otro prolongado, ha hecho que se les considere como emblemas, masculino y femenino, de la procreación. Hasta hace poco tiempo, en las romerías al templo de Ise, los vendedores de objetos devotos ofrecían espejitos y sables que imitaban los órganos de la sexualidad” (13). Los cultos solares favorecieron en todas las culturas la aparición de organizaciones sociales y políticas bastante jerarquizadas (14); el interés en destacar las jerarquías nos lleva a una de las funciones sociales esenciales de las espadas y los sables. La espada ha sido desde siempre y en todas las culturas un distintivo de clase, relacionado siempre con los más elevados estratos, desde los bárbaros germánicos según recogen Tácito y Tito Livio hasta el caballero medieval, figura esencialmente aristocrática, e incluso hoy los mandos de los ejércitos españoles usan el sable como distintivo de jerarquía. No olvidemos que el primero y principal de los privilegios de la clase samurai era el derecho a llevar sable.
el emperador go toba forjando una hoja (kumiyoshi, 1940)
También de su origen solar proviene el carácter de acumulador y transmisor de energía. Esta energía que emana del sol o de Dios en el mundo cristiano medieval (15) se concentra en el arma o se transmite al guerrero. En el primer caso hay que situar algunos ejemplos de la humanización de estas piezas; en el mundo japonés he de destacar la historia del príncipe Keiko que encontrándose sitiado por un incendio fue salvado por su sable que, desenvainándose solo, cortó unos matorrales que le impedían el paso. Esta historia tiene sus paralelos con momentos de las novelas de caballería en las que la espada actúa independientemente de la voluntad de su propietario.
espada Colada del Cid
La personalidad de las armas blancas tiene una magnífica muestra en la literatura épica española, pues en el Cantar del Mio Cid se desarrolla un interesante proceso en relación con Colada y Tizona. Tras las bodas de las hijas del Cid con los infantes de Carrión y cuando ya vuelven a sus tierras dice el Cid:

os daré mis dos espadas,
Colada y Tizona son,
las que más quiero, y sabed,
que las gané por varón

Tras la afrenta en el robledal de Corpes y ante el Rey el Cid lo primero que reclama aún antes que el dinero son sus espadas:

Y en señal de mi cariño
les dí colada y Tizón,
(éstas las gané luchando
al estilo de varón)
para que ganaran honra
y que os sirvieran a vos;
cuando dejaron mis hijas
abandonadas las dos
nada quisieron conmigo
y así perdieron mi amor,
denme, pues, mis dos espadas
ya que mis yernos no son
.”

Lo más jugoso de esta historia para el tema que nos ocupa viene ahora. Los infantes han entregado al Cid las espadas y después se plantea el desafío a lo que se prestan los infantes pero:

Estuvieron discutiendo
y al Rey pidieron que no
se emplease la Colada
ni Tizón, aquellas dos
espadas, que no las usen
los del Cid Campeador,
arrepentidos estaban
de darlas los de Carrión
” (17).

En otras palabras: los infantes tienen más miedo a las espadas en sí que a la fuerza o destreza de los hombres que las manejan.

El arma blanca no sólo concentra la energía, sino que es un elemento conductor de la misma. Como tal funciona en las ceremonias de la Orden de Caballería en las que la fuerza, fundamentalmente espiritual, penetra en el nuevo caballero a través suyo con los célebres espaldarazos; este ritual crea entre el caballero nombrante y el nuevo caballero una relación muy semejante al parentesco, pues en realidad se trata de un parentesco espiritual, que al mismo tiempo es una base muy fuerte para la estructura del poder feudal basada en los vínculos personales (18).

Volviendo al texto del Cantar del Mío Cid recogido, hay una idea que se repite constantemente: la asociación de la espada con la condición masculina. Esta asociación se da en una doble vertiente: sexual y viril o, lo que es lo mismo, como individuo diferenciado de la mujer (portadora de la vida y simbolizada en algunas culturas por el huso) y como hombre adulto (capaz de reproducirse, cazar y combatir, portador en cierto sentido de la muerte). Ejemplo claro de esta doble vertiente es la relación del samurai con su sable; desde muy pequeño se le da al niño samurai un sable adecuado a su tamaño, pero no el auténtico; éste sólo se le dará a los catorce o quince años, es decir, no cuando el muchacho alcanza la capacidad física y la destreza para manejar el sable, sino cuando, al alcanzar su pleno desarrollo sexual, es considerado un hombre adulto. La imagen del Samurai completamente armado resalta precisamente esta relación con la más pura sexualidad viril destacando, mediante la empuñadura del sable, los órganos sexuales masculinos.
daigoro (ilustracion de frank miller)
La relación del varón con la espada/sable es universal; existe un ejemplo definitorio de ella en la mitología griega, en la que la espada no es especialmente valorada (destacando mucho más el escudo, la lanza o las herramientas). Aquiles se esconde por voluntad de su madre para no ir a la guerra de Troya disfrazándose de doncella entre otras doncellas; llegan los guerreros buscándole y el siempre astuto Ulises le tiende una trampa: presenta a las doncellas un cofre lleno de regalos característicamente “femeninos”, telas, joyas, peines, etc., y entre ellos una espada que, inevitablemente, Aquiles empuña, delatando así su condición masculina (19).
diagrama con las distintas partes de una katana
Toda esta complicada simbología, que apenas he podido esbozar, ha hecho que el sable japonés se haya convertido en un objeto de gran importancia a la que no es ajena la belleza intrínseca de la hoja: “La fría hoja cubriéndose de vaho en el momento de salir de la vaina, su materia inmaculada reflejando una luz de tinte azulado, su incomparable filo del que depende la historia de los pueblos y sus posibilidades, la curva de su lomo, ungiendo la gracia exquisita a la fuerza más rígida, todo ello nos sugiere una mezcla de sentimiento de poder y de belleza, de respeto y de terror” (20); emocionada descripción de un arma, tan hermosa e inquietante que ha sido capaz como ninguna otra de simbolizar a un pueblo.

NOTAS

(1) Nitobe, Inazo: Bushido. The Warriors Code. California, 1979. También Bushido, el corazón de Japón. Barcelona, 1988, edición en castellano de la misma obra.

(2) Aspectos que, sin darnos cuenta, nos rodean y que abarcan desde una firma comercial de cuchillas de afeitar al arco triunfal irakí conmemorativo de la victoria sobre Irán, formado por dos gigantescas cimitarras, o al Oscar de la Academia de Artes de Hollywood, emblema y símbolo parlante del éxito en la actual cultura de la imagen (y el mundo de la imagen es en gran medida el mundo que creó Hollywood). Como vemos, la espada, en sus manifestaciones simbólicas actuales, siempre aparece con sus connotaciones positivas (Calidad, Victoria, Éxito).

(3) Humbert, Aimé: Viaje al Japón. Madrid, 1983, pp. 286-287.

(4) Ríos, C. H.: Samurai. La vía del sable. Barcelona, 1982, p. 30.

(5) Nitobe, Inazo: Op. cit., p. 106. En esta cita y las siguientes Nitobe nos da una visión muy expresiva de la posición del sable en la familia japonesa.

(6) Robinson, B. W.: The arts of the Japanese Sword. Londres /Boston, 1970.

(7) Génesis: cap. III, vers. 24.

(8) Cirlot, J. E.: Diccionario de símbolos. Barcelona, 1978, pp. 192-193.

(9) Blair, Claude: Enciclopedia Raggionata delle Armi. Milán, 1979.

(10) Mateo 10, 34.

(11) Recojo la cita de Nitobe, Inazo: Op. cit., p. 105.

(12) Cirlot, J. E.: Op. cit., pp. 192-194.

(13) Blasco Ibáñez, Vicente: La vuelta al mundo de un novelista. Madrid, 1958, p. 435.

(14) Cirlot, J. E.: Op. cit., pp. 192-194.

(15) Keen, Maurice: La caballería. Barcelona, 1986, p. 102.

(17) Anónimo: Poema del Mio Cid. Barcelona, 1969.

(18) En 1948, durante las conmemoraciones del séptimo centenario de la conquista de Sevilla por Fernando III el Santo los Caballeros Alumnos de la Escuela Naval Militar recibieron el espaldarazo con la espada de dicho monarca, acto que apoya lo expuesto brevemente sobre la perdurabilidad de la simbología del sable.

(19) Falcón Martínez, C. / Fernández Galiano / López Melero, R.: Diccionario de la Mitología clásica. Madrid, 1980, pp. 70-71, por ejemplo.

(20) Nitobe, Inazo: Op. cit., p. 108.
ronin usando su katana (viñetas de frank miller)

CIRLOT Y EL SUEÑO DE SANTA PERPETUA

May 21, 2007

He dedicado varios posts dildodrómicos a Juan Eduardo Cirlot pero, debido a mi proverbial despiste, se me había pasado el que, sin duda, resulta más importante y significativo para el mundo de lo onírico. Se trata de la entrada “Sueños” en su imprescindible “Diccionario de los símbolos”, que llevo meses estudiando en inmersiones intermitentes. Vamos a por ella:

“Sueños
Una de las fuentes principales del material simbólico. Desde la Antigüedad se les prestó gran atención, distinguiéndose entre sueños ordinarios y extraordinarios (por la persona soñante, el valor de las imágenes oníricas y por las circunstancias del sueño). Se creyó en la existencia de sueños premonitorios, en una verdadera adivinación por medio del sueño, sea de hechos generales y lejanos, o de hechos concretos e inmediatos. Los mejores ejemplos están en la Biblia: son los sueños de José (Gn 37, 5-11). El interés por los sueños ha llevado a codificar repertorios de significados, en “diccionarios de los sueños” de escaso o nulo valor místico y científico, aunque pueden contener datos verdaderos por tradición o información. Desde Freud, la interpretación simbólica de sueños ha constituido una de las vías mayores del psicoanálisis (de series de sueños mejor que de sueños aislados aun importantes). Por su concreto simbolismo, relacionado con un tema esencial en la tradición, como el de la escalera, vamos a transcribir el sueño que tuvo una mártir poco antes de ser puesta ante la prueba suprema, siendo frecuente que los cristianos presos por su religión tuvieran sueños netamente simbólicos o premonitorios: “Rogué, en efecto, y he aquí lo que me fue mostrado: una escalera de oro, de gran altura, subía hasta el cielo, escalera estrecha que se podía subir sólo uno a uno; a cada lado de ella había todo género de objetos de acero: espadas, lanzas, garfios, cuchillos… Bajo la escalera estaba un gran dragón dispuesto a acometer a todos aquellos que quisieran subir…” (Diario de Santa Perpetua, documento del año 203).
el guardian ciego de la escalera al cielo

BABOSAS

July 5, 2006
"…espantando con un siseo a las serpientes que se deslizaban entre los divanes húmedos y mohosos".
J.G. Ballard.
 
Estoy en la habitación de un hotel de lujo en Montpellier. Todo es nuevo, impecable y caro pero, de pronto, veo una babosa del tamaño de una rata adulta que sale de debajo de la cama. Con una mezcla de asco y miedo, la pisoteo hasta laminarla pero, aún aplastada, sigue reptando, dejando un rastro de saliva sanguinolenta. Enciendo todas las luces de la habitación a ver si hay más bichos y descubro que, ocultas entre las sombras, había babosas por todas partes: en el techo, en las esquinas, por las paredes… Voy al baño a vomitar y veo que salen a decenas de la taza del váter. Echo la pota y tiro con horror de la cadena, pero el inodoro se atasca y su agua sale a borbotones, convirtiendo la habitación en una pecera llena de babosas que se me pegan a la carne como sanguijuelas torpes. Voy hacia la puerta para escapar y, al abrirla, veo que está toda ocupada por el morro de un babosón negro y enorme. Me siento fascinado, casi hipnotizado, por el verdeazulado brillo de su piel.

 
Cuando me desperté de esta viscosa pesadilla creí que se trataba de un simple reflejo onírico de mi actividad profesional: yo me encontraba en la suite de un hotel de lujo de Montpellier en el que pernocté en cierto viaje de prensa y las babosas representaban a los rastreros seres que me rodeaban (la babosa humana vestida con trapos de marca es una especie muy común en mi trabajo). Pensé entonces que las babosas tenían un significado negativo en mi sueño y recordé la pinícula "Slugs, muerte viscosa", una serie B rodada a caballo entre España y Estados Unidos y escupida por el director valenciano Juan Piquer Simón que hizo que se me atragantara el pan con chocolate allá por 1987. "¡Penetran… Se deslizan… Matan!" decía el sensacionalista trailer del filme. Y lo cierto es que, pese a su tosca factura y sus artesanales FX, su sinopsis argumental ya quitaba las ganas de merendar: "Una babosa hembra puede poner un millón y medio de huevos al año; el problema vendría cuando esta nueva especie tenga el apetito de carne humana y siempre el pánico en una pequeña población norteamericana".

babosas valencianas 

Sin embargo, analizando mis reacciones ante los símbolos oníricos, me dí cuenta de que, fuera o no peligrosa, la babosa del final, la gigante, era brillante y poderosa y no me daba asco ni miedo, como las demás, sino que, de alguna manera, me maravillaba. Así que eché un vistazo al "Diccionaro de Símbolos" de Juan Eduardo Cirlot y allí me fue revelada la verdadera esencia de mi sueño: "El signo de la babosa, que también se ha interpretado a veces como pequeña serpiente, simboliza el germen masculino, el origen de la vida, el movimiento silencioso de la oscuridad hacia la luz; este concepto se halla bien expresado en el capítulo XVII del Libro de los Muertos".
babosas follando 
En esta hermosa imagen, dos Babosas-Leopardo (Limax maximux) intercambian fluidos en la ardiente oscuridad de unos jardines.
Para ver el coito completo clicka aquí sin miedo: su forma de aparearse es bastante más estética que la humana. 

PAPEL MOJADO

June 29, 2006
Estoy en la cama tumbado, con la cabeza recostada en una extraña máquina: una especie de generador de corriente lleno de cables y circuitos cubierto por una tapa de plástico duro y transparente. De pronto, el raro ingenio eléctrico empieza a perder agua; el líquido se extiende por el parquet y yo lo siento porque el suelo de mi habitación está lleno de tebeos, fanzines, revistas y libros irreemplazables.
 
Aunque el agua, en general, es símbolo de vida, de energía, de ens-seminis, en este sueño posee unas caracterísiticas muy especiales, puesto que, por un lado, inunda el piso (y toda inundación representa un accidente, una catástrofe) y, por otro, es agua que brota de una máquina y destruye varias publicaciones valiosas. El agua, la energía (o, mejor dicho, la entropía) surgida de la máquina resulta, en este sueño, devastadora para la vida espiritual, representada por los libros y revistas.
Esto enlaza con las tesis de Friedrich-Georg Jünger, hermano de Ernst y mucho más crítico que éste con el mundo de la técnica. Si para el Ernst de "El Trabajador" la relación del hombre con la técnica era titánica (la dominas o te domina; luego, en "La paz", Ernst recalcaría que la técnica debe estar subordinada a las fuerzas divinas y humanas), para Friedrich-Georg el avance de la técnica tiene connotaciones radicalmente negativas y constituyen un círculo vicioso: "las máquinas, per se, imponen la creación de otras máquinas, hasta alcanzar el automatismo completo dominado por su propia lógica". Para Friedrich-Georg, la técnica erosiona la humanidad y empobrece el espíritu con su racionalización progresiva de la organización vital. O, como aclaraba Alain de Benoist en su ensayo sobre "El trabajador" y los hermanos Jünger: "El espíritu racional hacia la obra producida por la máquina e incluso por la máquina, en sí, suscita apetitos que nada puede satisfacer. En cualquie parte, el mundo de la técnica intensifica la angustia (Angst) y el sentimiento de desarraigo (Unheimlilchkeit). Al tiempo que el hombre es cada vez menos dueño de su universo". El, hoy clásico aunque de construcción un tanto caótica, ensayo "Die Perfektion der Technik" ("Perfección de la técnica") de Friedrich-Georg Jünger, le valió a su autor un chaparrón de palos en su día: fue acusado de "romántico", "pesimista", "reaccionario" y… "poeta". Años después, incluso su propio hermano le daría (en parte) la razón: así se deduce de su concepción pesimista del tiempo mecánico expresada en "El libro del reloj de arena" o de la negra tesis de "La emboscadura": el alejamiento de la técnica de su período titánico para amoldarse al ficticio y abotargado bienestar burgués.
 
*Otros puntos de vista interesantes sobre la técnica:
"La pregunta por la técnica" de Heidegger que, desde un prisma muy parecido al de Ernst dice que "la esencia de la técnica es en un sentido elevado equívoca, por una parte constituye lo peligroso y por otra lo salvador". 
Spengler, por su parte, proclamó la decadencia de la relación humano-máquina en "Hombre y técnicas": "el hombre fáustico creador de la técnica comienza a hartarse de esta, se ha producido la traición de la técnica para con sus creadores".
Ortega, sin ir más lejos, en sus "Meditaciones sobre la técnica", afirma que "la técnica es la producción de lo superfluo: hoy y en la época paleolítica".
 
Y yo, que escribo estas líneas desde un Macintosh de última generación, me pregunto si algún día seré capaz de dominarlo, dejar de ser su esclavo y, finalmente, sobrehumanizarme a través de él. Y, como Friedrich-Georg, lo dudo…
la máquina blanda 

ESTACIONES

June 13, 2006
Sueño que estoy en una gris estación de autobuses gallega. Voy a emprender un largo viaje en autocar junto a Nono, mi novia, que en el sueño es una niña de entre tres y cinco años que llevo en brazos. El cobrador me dice que no es necesario abonar el billete de la pequeña, porque "las niñas bonitas y pequeñitas no pagan dinero". Antes de subir al autobús, vagabundeo por la estación de cemento con Nono en brazos. Me invade una claustrofóbica sensación de melancolía extrema: el futuro es incierto y el viaje muy peligroso.
 
Del entrañable encanto de una pequeña estación rural de ferrocarril al sórdido, casi venéreo, ambiente de la estación de autobuses urbanita. ¿Quién no ha pasado algunas horas muertas en uno de esos irreales limbos, esperando un tren que parece que nunca va a pasar o un bus que no acaba de llegar? La sensación nunca es del todo agradable, no hay un relax total, porque esperamos algo en un lugar de tránsito. Por eso, resulta algo absurda aquella canción de los Vegetales, "La vida es bella, soy feliz", donde un psicópata disfrutaba esperando en vano un tren fantasma que jamás iba a pasar, mientras comía chicles y miraba el reloj. La permanencia indefinida en la estación sólo puede conducirnos al desequilibrio, como le ocurría a "La niña de la estación" del popular y tragicómico tema de Concha Piquer, que acaba perdiendo la chaveta.
En las estaciones contemporáneas, la sensación de angustia se incrementa por culpa del avance de la técnica: son infiernos de cemento y metal, lugares asépticos, ballardianos, vigilados por cámaras, en los que nadie en su sano juicio pasaría demasiado tiempo. 
kyoto: estación de tren
También en el mundo de los sueños, las estaciones son negativas: símbolos inequívocos de peligro, como bien dice Ernst Jünger en sus diarios ("Radiaciones II"):
 
"Son símbolos de laberintos terrenales, de desasosiego terrenal, de encuentros frustados y de esperas interminables en el tiempo. Son lugares de grandes desposeimientos".
 
Tenemos ejemplos de este símbolo también en el mundo del cine. En "Estación Termini" (Vittorio de Sica, 1953) Jennifer Jones es una muder madura, casada y con una hija, que se debate en un purgatorio de indecisión, en una atroz lucha interna que se desarrolla en la estación de tren de Roma. La duda es: ¿coger un tren para reencontrarse con su familia y su monótona existencia o quedarse en Roma con Montgomery Clift, su joven amante, cambiando para siempre el longevo amor familiar por la droga de la pasión, efímera pero "intensisisisima"? Aquí combaten fuerzas más poderosas que los randianos titanes de acero que recorren las vías. Es el eterno pulso entre la obligación y la devoción, que también embargaba a Komako, la geisha protagonista de la novela "País de nieve"  (Yasunari Kawabata, 1947) cuando, en plena estación, debe decidir entre despedir a su amante favorito o ver morir a su antiguo amor.
Pero, al fin y al cabo, éstas eran simples encrucijadas, con dos únicos caminos: tradición o vanguardia. Para laberinto, el de la mente de Dennis Cleg (Ralph Fiennes) en el genial thriller psiquiátrico "Spider" (David Cronenberg, 2002), bajando el último del tren en la brumosa estación de Londres. Dennis Spider Cleg aparece como un hombre frágil, demencial, insignificante, una duda con patas con su maleta de cartón y su abrigo viejo. Aunque avanza con paso lento e indeciso, este personaje tampoco se queda demasiado en la solitaria estación, si bien lleva a cuestas su propia estación interior, llena de oxidadas vías que crecen retorciéndose y se pisan unas a otras en un enmarañado y (sí) onírico caos espiritual.
spider: estación interior