PROGRAMACIÓN INVASIVA

September 6, 2009

Un sueño de Pablo Maronda.

Estoy sentado al borde de la cama en la habitación de matrimonio de casa de mi abuela. La disposición de los muebles es la misma que cuando aún vivía mi abuelo, pero todo tiene un toque excesivamente setentero, como de comedia americana, que nunca había tenido antes: hay papel en las paredes, el suelo está enmoquetado con un estampado de flores colorista y extremo, y las cortinas parecen sacadas de Boogie Nights.
En la tele, en blanco y negro, emiten un extraño show de marionetas humanas, y muñecos de gomaespuma. Un cruce entre The Banana Splits, H. R. Pufnstuf y The Bugaloos, a la manera de los viejos programas lisérgicos para niños de la NBC yanki, pero con la textura de las viejas series de la tele de aquí: el blanco y negro helado, en tonos plata, de Crónicas De Un Pueblo o Historias Para No Dormir.
bananas para no dormir
La cabecera es una especie de fiesta de troncos humanos que parlotean y cantan entre dientes unos adictivos temas de bubblegum. Parece que están celebrando una especie de fiesta de coronación. Un niño de ocho años con pelo de paje es portado en un trono portátil, como si fuera un dictador africano, y los troncos agitan sus minúsculos brazos-muñones a su paso.
El niño lleva un colgante en forma de minúsculo leño y sonríe sin cesar. De repente, el buen rollo se corta de raíz. La música cesa y los seres arrojan al suelo al chaval. Después se abalanzan sobre él y empiezan a golpearle de una manera brutal, haciéndole sangrar copiosamente. La música se vuelve ultra anfetamínica y las secuencias se intercalan de una manera brusca, como si faltaran fotogramas.

Al final una cortinilla de lenguas de fuego, que parecen quemar a los leños vivientes, deshace el negativo y la tele se queda en niebla blanca durante unos segundos.
Aburrido, me levanto de la cama y me decido a salir por la puerta. Una voz me llama desde el cristal de la pantalla.
-Eh… Chsst… Chaval-.
-¿Es a mi?-, pregunto extrañado.
-Somos los leños. Necesitamos un nuevo rey. Acércate a la tele-.
-De eso nada-, le espeto. -Si voy con vosotros luego me mataréis-.
El leño cambia la voz y pone un tono de pena enormemente forzado, para tratar de conmoverme: -A él le matamos porque era presumido-, dice entre sollozos. -Pero tú eres perfecto. Eres flaquito y no nos harás daño cuando te llevemos en hombros-.
-De eso nada-, digo.
Me acerco a la tele con cuidado, y cuando trato de apagarla, un fogonazo de la base del aparato hace que la caja comience a arder, derritiendo el cristal, que se pone todo negro, como el caramelo quemado de la crema catalana, mientras escucho como una letanía el lamento de los leños, confinados en su extraño mundo catódico.
burnTVburn

SUEÑOS ELÉCTRICOS

May 28, 2009

Un cyberpoema de Pablo Maronda.
pixelala otra vez
Secuencias computadas
inferidas en la carne virgen
Soñar con recuerdos inducidos
con borrones de residuos
que reconfortan en cierta manera
Viejos flashbacks analógicos
digitalizados
que pixelan,
que no parecen reales,
inferidos de una vaga atmósfera reconstruída
Como ver Casablanca en color

El recuerdo de un naranjo
abierto en la avenida de hierro
OBEDECE A LOS REFRESCOS COLOR ROSA FLUORESCENTE
pugnando como un muñón por raspar la luz
como un puño en la revolución sofocada por las unidades de limpieza
No es más que una veta
una mancha en el cerebro
un milímetro de cinta magnética

Las primeras huídas de la policía mental
los primeros hurtos de componentes de última generación, medicamentos ultrapotentes
y vehículos
en el viejo almacén estatal
NUNCA SE REPETIRÁN BAJO ORDEN ESTRICTA DEL COMISIONADO BLAUCKPUNT DOBLE OCHO
Los fogonazos de metano, en el borde del cauce seco
por donde circulan los aerotubos
en el límite legal de Ciudad Corporación
(No hay que dejarse morder por las ratas gigantes,
algunas del tamaño de un niño de ocho años)

Todas estas cosas
COMPRAR UNIDADES TELETRANSMISORAS PARA EL GARAJE DE LOS NIÑOS
no son más que tu programación
Crees que son únicas y guardan cierta autonomía
con respecto al sopor colectivo
Pero están preconfiguradas
aún en el detalle más nimio
los nenes y la caja

LA MÁQUINA DE SOÑAR

November 2, 2008

“Hoy iba en el autobús hacia Marseilles cuando me vi inmerso en una tormenta trascendental de visiones multicolores. Atravesábamos una larga avenida bordeada por árboles y cerré los ojos para protegerme del sol que ya caía. Un alucinante flujo de colores de gran brillo e intensidad explotó bajo mis párpados, en un caleidoscopio multidimensional que giraba a través del espacio. Fui transportado fuera del tiempo, hacia un mundo infinito. La visión se cortó, de repente, en cuanto dejamos atrás los árboles”.
*Escrito por Brion Gysin en su diario, el 21 de diciembre de 1958.
gysin onirando
Brion Gysin enganchado a su dreamachine.
Fotografía de Charles Gatewood.

SEÑAL SUBMARINA

October 18, 2008

Con fecha del domingo 12 de octubre, he recibido el siguiente correo electrónico de un tal David Daktaric, acompañado por la ilustración de las hormigas. Aunque no suelo hacer públicos los e-mails de los lectores dildodrómicos, en esta ocasión me ha parecido que podría servir de retorcido epílogo a los últimos y penúltimos posteos, ya que, de un tiempo a esta parte, servidor se niega en redondo a caer en cualquier tipo de reflexión intelectual:

“Hola,

Te escribo obedeciendo a una pulsión que debe parecerse en algo a la de las hormigas cuando detienen unos segundos su desquiciada carrera hacia el futuro para comunicar a otra, mediante un repiqueteo orgánico y paroxístico, una señal de identificación, quizás unos parámetros, un lugar.

He estado descifrando algunos de los motivos expuestos en tu blog y me ha parecido reconocerlos. La última entrada, retracción manifiesta del enfoque, es posible que sea representativa, más o menos, de algo así como el esqueleto que sostiene la mayoría de tus impresiones y expresiones. Y es ese rumbo el que tomo aquí como referencia. Como orientación a la hora de establecer semejanzas y constatar la identificación.

Puede ser que lo más aproximado a un sentido que encontremos algunos individuos (noción ésta, la de individuo, tranquilizadora, fantástica, pero incierta, claro) sea la producción recurrente e inevitable de ideas que se aproximen en apariencia a eso, sea lo que sea, que determina, succionando de forma salvaje nuestras posibilidades, esculpiendo nuestras formas. En algunas estructuras el impulso o la inercia destructiva y reconstructiva de puntos de contacto con el exterior y el interior (ambas ideas, estas últimas, discutibles) de forma decidida y violenta, resulta inevitable. Las direcciones creo que fluctúan entre extremos, aceleraciones, parálisis aparentes y límites. El límite último es tan evidente que sobra apuntarlo. Mantenerse cerca, sin sobrepasarlo, crear ahí el habitat natural, va derivando en cierta forma de paraíso o infierno más o menos tolerable, puede que estimulante.

Vale, no nos pongamos demasiado serios. Mejor no extenderse y evitar así la proliferación de ambigüedades e inexactitudes.

Por supuesto, evito la grosería de los halagos.

Un saludo,
David”.
comunicacion entre hormigas

MONO(CROMO) LOCO por Pablo Maronda

October 6, 2008

Intento poner orden en una montaña de viejas cintas de caset, tirado sobre la cama, que en realidad es un colchón muy grande, sin funda y con una gran mancha reseca en medio, que parece una cara de Bélmez (Underground). Las cintas, digo, parecen salidas del rastro: cada una es de un padre (a cada cual más antigua, abundando las compactas azules y amarillas), y se encuentran en un estado lamentable: el contenido de las bovinas se enreda y se entremezcla entre si, como si fuesen un zarajo inmenso de tripas magnéticas, y de un modo tan aparatoso que no sirve de nada intentar separarlas, sino para romperlas en el intento; y las carcasas están medio sueltas y dejan asomar componentes, como pequeños muelles y esponjillas de espuma. Es imposible manejar todo ese material basuril, y el tiempo se me echa encima mientras intento grabar una recopilación contrarreloj. El equipo de música tampoco ayuda: no es más que una antigualla hecha con retales de otros equipos, de distintas épocas, tamaños y colores; como si lo hubiesen sacado de la ambientación de una fabela piniculera. Huele a fritanga y da la sensación de que no va a funcionar en la vida. Intento darle a play pero no sé cómo se usa. Las teclas no se quedan hundidas ni a la de tres, y los controles del equipo de música me suenan a chino mandarín. Además, las luces de los indicadores están manchadas de pintura de spray, y el trasto se asemeja más a una inmensa caja negra de avión que a un hifi de persona normal. Dándole golpes y accionándolo finalmente de un modo intuitivo, lo único que logro es desesperarme y enfangarme aún más, destrozando las cintas, que revientan al ponerlo en marcha por casualidad, dejando ver los intestinos de serpentina marrón, entre sonidos chirriosos e irreconocibles. Huele a plástico quemado y me siento terriblemente frustrado, como si acabara de perder algo irrecuperable y no hubiera forma humana de hacerlo regresar. Entretanto la cinta rota sigue girando y comienza a crecer en torno mío, como una enredadera de celofán viviente. El monstruo de papel magnético me sube por los orificios nasales, sin mostrar por mi parte ni un ápice de resistencia, y se me enreda en la garganta, como unas vegetaciones, hasta asfixiarme. Lo último que escucho es, como José Sirgado, el runrun del motor del equipo diciendo adiós.
un mar de cintas

SUEÑO MARIPOSA por Vladimir Nabokov

May 22, 2008

23 de noviembre de 1964, 6.45 horas: final de un largo “sueño de mariposa” que empezó cuando volví a dormirme después de haberme despertado por primera vez, inútilmente, a las seis y cuarto.
Me encuentro (¿subí en funicular?) en la zona de almacenamiento de un aserradero (¿en Suiza?, ¿en España?), pero para llegar debo atravesar el hall de un gran hotel rozagante. Muy alerta, muy delgado, vestido de blanco, bajo las escaleras traseras del hotel y llego a la orilla pantanosa de un lago. Hay muchas flores de pantano, una tierra rica, colorida, soleada, pero ni una sola mariposa (sensación familiar en mis sueños). En lugar de una red llevo una enorme cuchara; no alcanzo a entender cómo pude olvidarme la red y llevar en cambio ese objeto; me pregunto cómo voy a hacer para atrapar algo con eso. Reconozco a mi izquierda una especie de buzón abierto, lleno de mariposas que alguien capturó y abandonó allí. Hay una que está viva, un maravilloso y atípico ejemplar de Argines nacarado, de alas exageradamente largas donde se funden un verde y un pardo extraordinariamente matizado. Me mira, agonizando con toda conciencia, mientras trato de matarla aplastando su grueso tórax. Tiene una vida muy resistente. Para terminar, la deslizo en un viejo estuche de cuero rojo con cierre relámpago. Luego tomo conciencia de que durante todo ese tiempo, un hombre que no sé cómo logró pasar inadvertido permaneció sentado a mi lado, a la izquierda, frente a la caja que contiene las mariposas; está preparando una lámina para el microscopio. Nos hablamos en inglés. Él es el propietario de las mariposas. Me siento muy incómodo. Le propongo devolverle el ejemplar nacarado. Rehúsa cortésmente, a regañadientes.
(Sueño anotado por Vladimir Nabokov en su diario onírico).
el coleccionista de ninfulas

HOUSE OF DREAMS por El Zurdo

April 26, 2008

Será por los dolores en la cadera que llevo sufriendo desde comienzos de año, y por las medicinas y la rehabilitación que he seguido a cuenta de ello, pero mi identificación con Gregory House (hasta ahora meramente intelectual) ha empezado a adquirir también dimensiones físicas.
Por otra parte, aunque incidiendo sobre el mismo asunto, me ha llamado la atención cómo gentes que inicialmente parecían entusiasmadas por las cojiandanzas del buen doctor (el anfitrión de este oniródromo -que lo descubrió en packs de dvd, muchos meses después de su debut en Cuatro, y que se tragaba los episodios como Vicodinas- o mi osita -ella fue quien, con su fascinación por el anómalo galeno, me hizo adicto a mí también- hoy lo den de lado por considerar que se repite como el ajo y que ya sólo es una caricatura de sí mismo). Ignoro si el zenmeister (otro fan -lo llegó a definir como “el Nietzsche televisivo” y parecía seguirlo con mucha atención así como a la directora Cuddy, su fémina favorita de la serie-) también le ha vuelto la espalda. Yo, por el contrario, sigo cada día más colgado (aunque reconozco no ver por enésima vez los episodios repes -salvo los dirigidos por JJ Campanella-: sí tengo, de todas formas, ganas de chutarme uno de estos meses la primera temporada en v.o. a través del pack dildesco, más que nada por escuchar las voces y disfrutar de la House Experience en toda su plenitud).
armado y peligroso
Todo esto viene a cuento del sueño que tuve a mediados de marzo. ¿Escenario?: El Viso (o zona ad hoc -concretamente, una clínica privada muy parecida a aquella en la que estuvo internada mi madre allá por el 66-). La sensación (un algo ambiguo e indolente que nos calaba hasta los huesos del alma) de formar parte de una novela de Drieu La Rochelle (sólo hacía una semana que había acabado mi relectura de GILLES). ¿La acción?: en un sótano, como visto en blanco y negro y como rodado por Fassbinder dentro de su cine de la crueldad, el ataque de Valerie Solanas a Gregory House (haciéndome pensar, en la ulterior rumia de duermevela, que el episodio del balaseo de House por el viudo de una paciente -el episodio más antipático a mi gusto, porque, en él, el establishment reprocha a nuestro hombre las aristas de su identidad y trata de afeitarlo de cuerna y llevarlo por las sendas del pensiero debole y la corrección política: el trip alucinatorio de House me recordó mucho a mi segundo trabajo de ayahuasca, con la diferencia de que yo salí de ello reforzado en mi condición anómala, victorioso de los retrovirus policíacos del pensamiento, sin la menor duda sobre el acierto de mi decisión- estaba en parte inspirado en el atentado a Warhol que supuso la castración moral de éste y su degeneración en mera máquina de hacer dinero abandonando todo perfil subversivo). La alusión ambiental a Fassbinder habrá de relacionarse con mi reciente inmersión en su filmografía y con su aura de sujeto inasequible a toda corrección y reinserción en el rebaño (como, a mis ojos, ha de ser House para que me siga interesando como personaje).
doctor cataplasma
En el sueño, yo era House, sentía dolores en la cadera y en el muslo y (en vez de tiroteado) era apuñalado en el costado y me quedaba por un momento posando ante la nada como un cruce entre un Cristo espetonado en la cruz y la famosa foto de AW enseñando sus escaras (aquí también ha podido influir el shock que me produjo ver la citada foto ilustrando la glosa que un blogger hacía de mi canción UNA CICATRIZ -la cual jamás me habría sido inspirada por una foto semejante, que más bien me ha dado siempre un indecible asco, grima y yuyu-). Después salía del sótano, paseaba en bata de paciente bajo una noche heladora por el jardincito de la clínica en tanto la persona que me había agredido hablaba en mi cabeza en plan Pepito Grillo justo como lo hacía el shaman brasileño de la coleta en mi prueba ayahuasquera. Finalmente, muerto de frío, golpeaba una puerta mientras gritaba “HOUSE NO ES WARHOL, HASTA AHI PODIAMOS LLEGAR, Y ME CAGO EN EL DALAI LAMA Y EN LA INDEPENDENCIA KOSOVAR” y me despertaba.
El exabrupto final en pareado se explica por sí mismo para cualquiera que me haya leído y conozca mis simpatías geopolíticas prochinas y proserbias y mi interés por las filosofías extremoorientales desde la defensa soberanista de identidades primigenias (la admiración de Kurtz hacia sus enemigos que estalla como revelación adamantina en medio de su frente), nunca como quinta columna prooccidental y apología del buen rollito.
jaus y familia

ATENTADO por Pablo Maronda

April 7, 2008

Es de noche y camino por avenidas céntricas de mi ciudad, rodeado de un montón de gente. Mis hermanas vienen conmigo. No puedo precisar la hora, pero por la oscuridad y el flujo humano, da la sensación de que son las siete de la tarde de un día cualquiera de invierno. Sin embargo, todos vamos desabrigados y parece que es mucho más tarde. Nadie habla. Como refugiados o huídos, todos murmuran en voz baja, atemorizados por la presencia invisible de una catástrofe indeterminada.
-¿A dónde vamos?-, pregunto a mi hermana pequeña.
-A Galerías Preciados. Hay que identificar a los papás-.
-¿Qué?-, pregunto.
-Ha habido un atentado-.
horror en las galerias
No pregunto más y sigo andando. Empiezo a tener un poco de frío en los hombros. Dos ambulancias aparcadas emiten luces como pequeñas discomóviles, apostadas en una bocacalle. Las dejamos de lado y pasamos por un escaparate que llama mi atención. Intento acercarme a verlo (parecen juguetes antiguos, personajes de una serie de scifi que no logro identificar) pero la gente hace un cordón contínuo alrededor del cristal, y me resulta imposible.
-Date prisa-, me riñe mi hermana mayor, mientras tira de mi camiseta con fuerza.
Cuando llegamos a los grandes almacenes, las luces están apagadas. Dentro la iluminación es muy rudimentaria. Hay vehículos aparcados entre los estantes de ropa de oportunidades, colas interminables de personas que intentan coger los ascensores, y un caos generalizado difícil de explicar. Sin embargo reina un silencio inexplicable, interrumpido de vez en cuando por alguna tos, o el sonido de los zapatos contra el suelo recién encerado.
Nos conseguimos colar en una escalera mecánica y ascendemos con el tumulto silencioso. El hilo musical emite una extraña mezcla de cacofonías, ruidismo conceptual y notas tocadas al azar; como un soundtrack pesadillesco de John Cage.
Una voz radiofónica resuena a través de los altavoces de megafonía: -Familiares muertos en la última planta-. Y la gente sigue callada, como borregos en un camión, apelotonados en la escalera mecánica que asciende hacia el infinito.
escalera mecanica al infierno
Llevamos un buen rato sin parar en ningún piso y empiezo a preocuparme.
-Qué raro. Esto no lleva a ningún sitio-.
El pasaje de la escalera empieza a mirarme con extrañeza, como si hubiese dicho algo fuera de lugar. Aunque juraría que lo había dicho en voz baja, resulta curioso que prácticamente la totalidad del pasaje, que se pierde en el horizonte de la vista hacia arriba y hacia abajo, esté girado hacia donde estoy yo, mirándome con una inexpresividad que inquieta.
De repente las escaleras frenan en seco y la luz se apaga. Sólo se escucha el hilo musical, de fondo, que esta vez parece un collage hecho de pasajes de música clásica editados y pegados un poco ad lib, que suele decirse.
La gente empieza a moverse y a empujar, y no tengo otro remedio que subir a pie el camino restante hacia la salida de la escalera. Al cabo de un raro andando a oscuras, desembocamos en una planta iluminada por unos tubos de plástico terriblemente retro, que emergen del techo. Me recuerdan al planeta Krypton de la primera película de Superman (la de Cristopher Reeve) y a la cafetería del Corte Inglés de Pintor Sorolla: un ejercicio de recreación que toma lo peor de los lugares comunes del mal gusto que he visitado durante mi infancia en los años ochenta.
superplaneta
Cuando bajo la vista del techo descubro que estamos en una especie de fiesta de fin de año obsoleta y enrarecida.
Guirnaldas de colores, tiras de papel dorado, globos plateados, azules y blancos, y la leyenda FELIZ 19?? penden del techo, mientras una versión robotizada de la Orquesta Topolino, se obceca en reproducir calypsos una y otra vez. Toda la gente es mucho mayor que yo, y de repente me siento como si tuviera diez años en vez de ventinueve.
Al ritmo de la música, cada vez más ralentizada y electrónica, los viejos empiezan a meterse mano de un modo tan explícito que da miedo. En poco menos de cinco minutos la fiesta se está convirtiendo en un gang bang masivo, tocado de arrugas, tembleques, canas y resuellos.
Intento buscar a mis hermanas entre la muchedumbre desnuda pero resulta imposible, así que decido escapar escaleras abajo, sumergido en un fundido a negro interminable, vertiginoso e incierto.

SUEÑO MEXICANO

April 2, 2008

“Chupando contigo cráneos de azúcar, lamiendo cráneos de azúcar a tu lado todos los deseos en un cuerpo de arcilla sueño despierto junto a un río mejicano. En Méjico corren las liebres pero también ladran los perros. Perros salvajes a nuestras espaldas y serpientes que estudian nuestros rasgos mientras suben turbias las aguas en el baile del deseo ondulado, la muerte también es un juego en la punta de la lengua, en el centro de la mano los cráneos de azúcar, los cráneos de sabor dulce y amargo mientras asciende el agua y ladran los perros, deseo y sombras en un río mejicano”.
(Texto escrito por Martxel Mariskal para una canción de Lisabö).
lamiendo craneos...

SOÑANDO CON MI ENEMIGA por El Zurdo

March 17, 2008

Título, conste, irónico. En años de mayor quijotismo y vehemencia, cuando mi delirio era más hard que soft y solía exagerarlo todo, me autoconvencí de que ella me odiaba. Pero (como diría Howard Roark) para odiar a alguien tienes, primero, que pensar lo bastante en esa persona. Creo que, de sentir algo por mí, más que odio la palabra correcta sería “prevención”: esto es, un germen de empatía ahogado por innúmeras capas de prejuicio impuestas por el entorno. Esa sensación de que, en otra dimensión, sin tantas trabas coyunturales (ese coñazo que supone, en el mundo de la creación y la opinión, el tribalismo frente a las tentaciones individuales de transversalidad –sentirte obligado a apreciar o a malquerer por la presión ambiental sin dejar rienda libre a los propios impulsos, sea solamente el de la curiosidad-), habríamos llegado a congeniar, incluso a ser buenos amigos (a mí ella siempre me produjo una cierta fascinación, desde aquella vez primera, a finales de los 70, que la vi por tv en un espacio musical glosando ese género que –en palabras del pegaminesco Don Julito- “nunca pasa de moda” –ahora se me acaba de ocurrir que quizás mi megaescucha trienal de Laura Nyro, justo a punto de concluir, haya podido ser uno de los detonantes del sueño-). El anfitrión de este oniródromo pareció intuir algo en tal sentido cuando hace pocos años trató de favorecer con sus manejos esa hipótesis de buen rollo. ¿El resultado?: una tarde muy grata para mí y (creo) desconcertante para ella, seguida de una breve coda de ciberempatía que acabaría agostada por presiones de su entorno (en ocasiones, cuando reviso la deliciosa comedia de malentendidos TIENES UN EMAIL, pienso en ese mes con un punto de tristeza). El sempiterno y puñetero PUDO SER Y NO FUE.
abducidos por neville
Pero centrémonos en el sueño. Fechado en la madrugada del 1 de marzo. Muy notable, en primer lugar, por ser la primera vez en mi vida que sueño con esta persona. Muy agradable, un balsámico contraste con las pesadillas que me han asaltado en enero y febrero a cuenta de algunos fallos de salud. Y muy real por su ausencia de explicitud y de épica, por su tremenda cotidianeidad, por su preñez de posibilidades, de silencios, de vacíos, de distensiones, de inacciones, como digno de ser evocado en el ELOGIO DE LA SOMBRA como sueño modelo. Ella (algo distinta de como la he visto en las raras oportunidades en que hemos coincidido: muy pálida –de una palidez tan acusada que parecía brillar en la creciente penumbra-, el pelo recogido en una trenza que dejaba ver el nacimiento del cuello -la nuca, para mí uno de los rincones más incitantes del paisaje femenino-, con la mirada desnuda –la latencia del desnudamiento de un rostro usualmente cubierto con prótesis sospecho sea la razón última de mi fetichismo por las gafas graduadas en rostro de mujer: esa promesa de desnudamiento facial me ha resultado siempre muchísimo más sugerente que cualquier full frontal-) me había convocado para comentar un proyecto de colaboración profesional que, al final, no llegamos a tocar, sumidos en el disfrute de la mutua compañía, tratando de prestar atención a las cosas que nos unían y de olvidar las discrepancias que habían movido los hilos de nuestro pasado.
Un sueño hecho de paseos. Paseos entre el crepúsculo y la noche cerrada por varios lugares de la capital: una tienda de discos junto al scalextric hacia Reina Victoria (ella me mostró unos vinilos de una chica norteamericana que a ambos nos encandilaba -¿trasunto de Laura Nyro?: al despertar no he logrado recordar quién podía ser, aunque sí el género de música-), ese tramo de Rosales donde sonríe el busto del fundador de los Rotarios (con el sol despidiéndose al fondo como en un paisaje barroco), una escena de madrugada por la zona del Madrid de los Austrias como sacada directamente de una película de Edgar Neville (de hecho, estuvimos comentando por unos instantes en una plazoleta desierta la impresión casi gemela de hallarnos, cual pareja protagonista de PLEASANTVILLE, abducidos dentro de LA TORRE DE LOS SIETE JOROBADOS), una ingesta de chocolate con porras en un antro de Lavapiés donde nos daba la impresión de haber sido parroquianos de toda la vida (cuando, de haber pisado yo un lugar así en el plano real, seguramente lo hice con Antonio, Paco y El Rojo en los tiempos de PARAISO)… Ella, finalmente, se decidió a abordar el proyecto que, en teoría, nos había reunido. Justo en ese momento, se oyó un estruendo en la calle. Ibamos a salir del bar a ver qué pasaba cuando el estruendo, en realidad el telefonillo del portero automático, me despertaba con una agridulce mezcla de satisfacción por lo soñado y de frustración por su brusco final.
la que pudo haber sido y no fue