EL SUEÑO DEL KOAN PRODUCE SATORI

November 13, 2006

En la biblia del budismo zen "Los tres pilares del zen", del roshi Philip Kapleau, dentro del capítulo dedicado a dokusanes de Yasutani roshi con monjes zen occidentales me encontré con el siguiente diálogo:

Estudiante: En su plática de anoche dijo usted que cuando nos fuéramos a la cama no nos separáramos del koan, sino que siguiéramos preguntándonos aun durante el sueño. Me olvido del koan durante el sueño porque sueño mucho. El mundo de los sueños parece ser un mundo totalmente aparte de "¿quién soy yo?" Soñar es una pérdida de tiempo y de energía. ¿Cómo podría evitarlo?

Roshi: Por lo general, la gente activa que tiene poco tiempo para dormir sueña ocasionalmente, mientras que los que duermen mucho tienen cantidad de sueños. Asimismo, aquellos que tienen mucho tiempo libre suelen soñar mucho, como los que duermen tendidos sobre la espalda. Una forma de evitar que sueñes es dormir menos. Te darás cuenta por los dibujos que el Buda reclinado descansa sobre el lado derecho. Por varios motivos ésta es una buena postura para dormir.

¿cómo era tu rostro antes del nacimiento de tus padres?
(El roshi Philip Kaleau iluminando el corazón del bosque). 

Dentro del budismo zen, existe otro libro clave que ahora desempolvo: "Preguntas a un maestro zen" del roshi Taisen Deshimaru. En él se recoge la reveladora entrevista discípulo/maestro que transcribo a continuación:

Pregunta: Cuando me despierto siempre me acuerdo de mis sueños. ¿Debo darles importancia o no?

Respuesta: Usted se acuerda de sus sueños porque su cerebro está fatigado. Todo el mundo sueña. El cuerpo duerme pero el espíritu permanece despierto y sueña. Si el cerebro tiene buena salud, uno olvida sus sueños al despertarse. También se sueña cuando se duerme a medias, y en este caso las impresiones permanecen al despertar. Algunos quieren continuar sus sueños y se levantan fatigados. Hay que olvidarlos, dejarlos pasar, no hay que perseguir el recuerdo de los sueños. 

Pregunta: ¿Cambia algo el hecho de analizar los sueños?

Respuesta: No es necesario.

Pregunta: ¿No tienen ningún valor los sueños?

Respuesta: Los sueños os vuelven complicados. Los shocks y las impresiones de la vida cotidiana, el karma de vuestro cerebro, los shocks registrados por vuestras neuronas aparecen durante el sueño. El zazen también provoca la aparición de las ilusiones de vuestro subconsciente, pero en unas condiciones muy diferentes. Cuando se sueña no se sabe qué se sueña. Tomemos un ejemplo famoso en el Zen: un hombre sueña que se pasea por la calle una noche de invierno. De pronto ve en el suelo una bolsa llena de monedas. ¿Qué hacer? Quiere cogerla pero está firmemente pegada al hielo. Orina sobre el hielo para fundirlo y tira de la bolsa con todas sus fuerzas. Pero ¡ay! ¿De dónde viene ese dolor? El hombre se despierta. ¡En lugar del cielo estrellado ve el cielo de su habitación, sus manos se aferran a sus testículos doloridos y la cama está empapada!
Esto es lo único real del sueño… Cuando se sueña, no se sabe dónde está la realidad. Durante el zazen es fácil saberlo. Se pueden ver las propias ilusiones, el karma, objetivamente. En el sueño todo es confuso: los temores, los impactos, el pasado, las impresiones. Durante el zazen, el espíritu es como un espejo en el que podemos ver reflejado todo el subconsciente. Uno puede darse cuenta de que tal o cual deseo no es tan importante. No se tiene miedo, uno puede observarse a sí mismo. No es lo mismo que el sueño. No hay que apegarse a los sueños, ni siquiera a su recuerdo. Durante el zazen no hay que atarse a los pensamientos ni correr detrás de las ilusiones. Hay que dejar pasar, dejar pasar… Surge la semilla de un pensamiento, después otra… Hay que dejar pasar… Después del zazen podemos sentir que el cerebro está claro, tranquilo. Los sueños tienen la misma misión pero no es preciso acordarse de ellos. Es mejor olvidarlos.

MU! 
(El roshi Taisen Deshimaru haciendo zazen).  

INFANTA CAFEÍNA

September 15, 2006
Vamos a añadir posteos a la serie Enemigos de Morfeo, que la tenemos un poquito abandonada. Hoy le toca el turno, cómo no, a la pérfida cafeína, una droga más puñetera de lo que parece, aunque goza de muy buena prensa, siendo aún más aceptada por la Sociedad esa que el mismísimo alcoholazo. No voy a hablar ahora de lo bien o mal que sienta un cafetito después de comer o una Coca Cola Zero después de copular, por nombrar las dos bebidas cafeínicas más populares. Menos cuatro pajerotes mal contados, casi todo el mundo sabe lo que es eso. 
A mí, por regla general, la cafeína me sienta como un tiro a bocajarro: me jode el estómago, me pone nervioso, me suelta el vientre y, sobre todo, me quita el sueño durante horas. Intento dormir, pero no lo consigo. Me desvela incluso más que la cocaína (aunque dicen los expertos que la perica de hoy en día se adultera con grandes cantidades de cafeína y otros polvos mágicos). Yo noto la diferencia. Con la coca, me hago un par de pajones castellanos y me quedo frito. Con el café se me forma una bola de nervios en el estómago que no me la quito ni a tiro limpio.
Además, he leído por ahí que si consumes habitualmente cafés te expones a padecer hipotensión, gastritis o cáncer, entre otras cosas. Esto no me preocupa: de algo hay que morir y no estoy seguro si estas enfermedades existen o son invenciones de la mafia médico-farmacológica para vender sus drogas legales. Lo que me aburre un poco es que la OMS se limite a asustar a las viejas con el tabaco y no diga nada de lo demás. ¿Es que humo que sale de los coches no provoca ninguna enfermedad mortal?
cariño, son las cosas de las bolas 
(Cafeína. Modelo molecular estereoscópico).
 
Según cuenta el neoliberal pseudojüngeriano Antonio Escohotado, "la cafeína produce un síndrome de abstinencia en mucho menos tiempo que opio, heroína y barbitúricos. Desde 1943 se sabe que un gramo diario de cafeína (equivalente a cinco tazas de exprés, o diez de café aguado), absorbido durante una semana, basta para inducir un cuadro carencial. (…) Poco después de recibir el placebo, el 55 por 100 de los sujetos padeció el dolor de cabeza más grande de su vida, acompañado por náuseas y vómitos, tensión muscular, ansiedad, incapacidad laboral, desasosiego y letargia".   
Como siempre, el abuelo cebolleta de la droga exagera. Pero algo de eso hay: yo cuando me he metido grandes dosis de café por motivos bastante prosaicos (mayormente, currar y leer) no he pegado ojo en siglos, y eso que dicen que el efecto se diluye en unas horas. Y  es que corre el bulo que el café estimula la atención intelectual, cuando más bien, como dice el viejo de la montaña de farla, "estimula el simple estado de vigilia, la resistencia al cansancio". ¿Posología y efectos secundarios? "Por vía oral, medio gramo equivale a unos 5 miligramos de dexanfetamina, con una acción de dos o tres horas que se caracterizan por sequedad de boca, disposición muy activa y cierta rigidez muscular, quizá acompañada por leves trastornos en la visión, como borrosidad pasajera o pequeñas partículas que cruzan el campo visual". Uuufff, esto parece el prospecto de unas pirulas de mala muerte. En cuanto a las indicaciones, dice el tito Escohotado que "lo que en algunos se manifiesta como locuacidad y extroversión procuce en otros el deseo de aislarse, vida interior, de acuerdo con el típico efecto polar de los estimulantes". No sé, pero el caso es que mezclado con trócolos de costo, la cafeína te puede sumir en un trance creativo impagable. Tal vez, la mejor combinación para escribir disparates (que deben ser revisados al día siguiente, a ver si entre ellos hay algo digno de ser conservado). Lo malo es eso: que te cansas pronto y te irritas con más facilidad que si no hubieras tomado nada de nada. Por eso es mejor estar solo o bien acompañado de gente afín que no se sorprenda de tus repentinos ataques de mala hostia.
voy a mil 
(Too much cofeee man! Ilustración de Shannon Wheeler). 
 
Si estás ciego de cafeína y consigues conciliar el sueño, lo más probable es que tengas trips oníricos fugaces y acelerados. El genial rapper GZA, de los Wu-Tang Clan lo explicaba muy bien en "Coffee and Cigarrettes" (Jim Jarmusch, 2003): "Antes de dejar el café lo bebía sin parar todas las noches, hasta que me acostaba. Era para soñar más rápido. Como cuando ponen una cámara en un coche de carreras. Y sólo ves… fiu-fiu-fiu. Así eran mis sueños: flashes". Efectiviwonder… 
café con leche...
(GZA, RZA y Bill Murray en "Coffee and Cigarrettes").  
 
Escarbando en mis archivos oníricos, he encontrado este curioso sueño, que tuve cierta noche cafeínica: había tomado unos cinco cafés con leche a lo largo de la tarde y varios cubatas con mucha Coca Cola y poco güisqui de madrugá, mientras leía "Reflexiones sobre el Padrenuestro" de Huxley. Esto es lo que salió de la explosiva mezcolanza:
Me despierto en una casa alargada, luminosa y fresca como un invernadero acristalado y arcaico. Miro un reloj de arena y me doy cuenta de que llego tarde a pescar. Así que me pongo a desayunar y a preparar cosas con gran rapidez. Cambio objetos de sitio para dejar la casa en paz, preparo el carterín y corro de un lugar a otro buscando un objeto que me hace falta para el trabajo pero no recuerdo qué es. De  pronto, a mi izquierda, algo se mueve. Miro hacia uno de los enormes ventanales que dan a otra casa y veo a una de mis vecinitas trasteando en la cocina y moviéndose con rapidez: parece que ella también tiene prisa. No saludo por timidez matutina, pero tampoco me molesta su presencia, aunque la asocio a juergas noctámbulas. Voy corriendo hacia el baño y encuentro lo que busco: la bañera: había olvidado darme una ducha para despejarme bien. Enciendo la minitele que hay frente al baño para escuchar música negra de la MTV mientras me ducho. Me detengo un rato viendo un video de R&B en el que salen muchas negras en biquini, mientras abro la bañera. Pero apago el receptor porque tanto la música como la imagen están aceleradas. Me quito el pijama y, cuando voy a meterme en la ducha veo que dentro hay un enorme bicho, una especie de cucaracha prehistórica del tamaño de un niño de 8 años. El infraser no me asusta ni me da asco, pero intento barrerlo con el chorro de la ducha y colarlo por el agujero del desagüe. Pero no se cuela: es demasiado grande y yo sigo dándole con el chorro y se le caen las alas y las escamas y la carne con la presión del agua. Mueve sus patitas pero no consigue salir. Meto una pierna en la bañera y le doy más potencia al agua ardiente. Fffffffffffffffssssssssssssssshhhhhh. Saltan chispas y todo se llena de vapor. Le doy y le doy al bicho pero no muere, aunque sólo le quedan ya los huesos y se parece más al esqueleto de un alien que a una cucaracha prehistórica; ahora patea y lucha por salir de la ducha y casi lo consigue, pero yo consigo hacer que retroceda con un nuevo chorrazo de agua hirviendo. Y, mientras me pregunto cómo es posible que ese enorme bicho pueda sobrevivir y moverse siendo sólo un montón de huesos macilentos, me despierto.
Y ahora escribo esto, maravillándome de los efectos oníricos de la cafeína y de la lectura del Huxley más religioso. Y me pregunto: ¿era ese insecto un pecado que no soy capaz de colar por el desagüe de mi paraíso terrenal? I dunno…  

¡MALDITOS ZUMBADORES!

July 13, 2006

Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz. ¿Les suena? No, con esta onomatopeya no pretendo reproducir el sonido del ronquido, como ya hicieron Escobar y otros maestros de la Escuela Bruguera (que también usaban un dibujito de una sierra castigando un tronco), sino el horrísono zumbido de uno de los insectos más odiosos del mundo. Sí, para inaugurar la nueva categoría "Enemigos de Morfeo", dedicada a todos aquellos que perturban o imposibilitan el/los sueño/s, voy a hablar de los mosquitos.

Al parecer, este año hay una plaga de mosquitos en la Comunidad de Madrid y ello hace que, noche tras noche, anónimos pero esforzados guerreros como el que teclea estas líneas tengan que lanzarse, zapatilla en mano, a épicas y domésticas cazas sutiles. Las picaduras de los mosquitos, por lo general, aquí y ahora sólo te provocan un granito picante (si no tienes la mala pata de ser alérgico) pero en otros países contagian la malaria, entre otras enfermedades mortales. Durante un tiempo incluso corrió como la pólvora el rumor de que si un mosquito le picaba a un sidoso y, acto seguido, te picaba a ti, quedabas contagiado de SIDA. Pero, al final, resultó ser mentira: al parecer, si un mosquito pica a un yonqui, a una puta o a una rata de cuarto oscuro (por poner tres ejemplos al azar) que padezcan el letal virus, el VIH que entra en el torrente sanguíneo del mosquito no puede reproducirse y, por consiguiente, el mosquito no puede contagiarlo al vampirizar a otra persona. Pero lo que es cierto es que, sea más o menos perjudicial, tener un mosquito en la habitación es una pesadilla. Es enloquecedor estar a punto de dormirse y escuchar su insoportable zumbido y luego pasarse el resto de la noche rascándose las picaduras, que recuerdan a la varicela, esa enfermedad que todos los niños hemos tenido alguna vez.

No puedo hablar de mosquitos sin hablar del inconmensurable Windsor McCay, un verdadero genio que con su "Little Nemo" no sólo revolucionó la historia del cómic, sino que creó un artefacto onírico insuperable. Otro día nos detendremos más en la obra de este titán; hoy sólo recordaremos su alucinante corto de animación "How a mosquito operates" (1912) que nos muestra a un caricaturesco e hiperbólico mosquito que acecha a un incauto durmiente y luego se posa sobre su cara, le pica y le empieza a succionar sangre; el estómago del mosquito se hincha más y más hasta que, literalmente, explota.

el mosquito de mccay 

Algo parecido a lo que le ocurre al mosquito de McCay les pasa en la vida real a los que pululan por mi casa. Se pasan la noche vampirizándonos a mi señora y a mí, pero muchas veces, su propia gula acaba con ellos: abotargados por la sangre mamada, se posan jartos en la pared y yo los aplasto con mi zapatilla. Después, observo la suela y, extasiado, contemplo mi caza: el insecto aparece aplastado o chafado, moviendo a veces alguna patita nerviosamente, rodeado de un imperfecto y vicioso círculo de sangre. Sangre mía o de mi dulce Nono: a ella le pican más, sí, pero no porque tenga la sangre más dulce (como terciaría mi abuela) sino porque los compuestos químicos que desprenden algunos cuerpos resultan especialmente atractivos para los mosquitos. Es obvio que el calor y la humedad de Nonín son bastante más apetecibles que los míos: los mosquitos son, en este sentido, unos sibaritas. O unas sibaritas, debería decir, pues son las hembras las que atacan: necesitan proteínas para compensar la formación de huevos y por eso chupan sangre, a diferencia de los machos, que se alimentan de néctar y zumo de frutas. En esta especie (también) la hembra representa la fuerza de la especie, la naturaleza, la crueldad…

El movimiento de la persona, al parecer, también influye en el mosquito a la hora de elegir a su víctima. No lo digo yo, lo dice la entomóloga Renee Anderson, de la Universidad de Nueva York: "Los mosquitos detectan los movimientos de la persona a una distancia considerable. Recogen el dióxido de carbono y siguen su rastro volando en zigzag hasta que encuentran su fuente y atacan".  

Para eliminar a un mosquito y dormir y soñar en paz, el hombre es capaz de lo que sea. Yo he probado velas insecticidas, lámparas de luz violeta o esos enchufes de Fogo que ya mi madre ponía en las habitaciones de nuestra casa de campo galaica… Pero todas estas cosas sólo valen para atontar al mosquito (y un poco a los humanos), que pasa a zumbar más fuerte y ataca a saco a los humanos.

Por lo visto, el único remedio eficaz contra estos bicharracos es untarse un buen repelente. El mejor, según la American Mosquito Control Association, es el  DEET (N-dietil-3-metilbezamida), una sustancia que aterra a los mosquitos. Este tipo de remedios, en cualquier caso, eliminan el placer de la caza sutil, que algunos han elevado casi a la categoría de arte popular, como la sofisticada trampa para mosquitos fabricada con materiales caseros por niños taiwaneses. Pincha aquí para verla y, tal vez, copiarla. Yo, mientras tanto, vuelvo a mi tarea de cada noche: apagar las luces y poner la antena, en busca de zumbidos furtivos: las huellas sónicas que marcan el comienzo de una buena caza. Tal vez algún día, tras algún tipo de holocausto nuclear, consiga mutar y desarrollar una lengua de camaleón con la que atrapar y degustar a estos pequeños vampiros. Entonces, ya no necesitaré zapatillas…

hematófago en pleno atracón